Jose Antonio Choy - Centro de Estudios Che Guevara - I

“Decidimos solucionarla de manera muy sintética y desechamos otros caminos que nos condujeran a una exageración en las formas arquitectónicas. Tratamos de que fuese una obra muy limpia, serena, con una gran economía de medios expresivos. Algunas opiniones la enmarcan como una creación minimalista, pero nosotros creemos que se trata de una interpretación muy nuestra acerca de la figura y el pensamiento del Che”.
José Antonio Choy

Considerado ya hoy máximo exponente de vanguardia de la arquitectura cubana actual, diría el arquitecto José Antonio Choy acerca de la obra arquitectónica, “no necesita explicarse porque ya está ahí”.

Emplazada en una calle barrial del Nuevo Vedado en La Ciudad de la Habana, frente a lo que sería la casa en la que habitara el Che desde año 1962 hasta el 65. A pesar de su contenido grandioso la obra es en esencia comunitaria, llamando a la atención desde que el peatón comienza a adentrarse a la cuadra. No hay puerta, es una acceso permanente al recinto, como adentrarse en un bosque o selva, a través de una especie de ‘gruta’ delimitada por dos volúmenes de apariencia sobria, compacta, rocosa (enchapados en bloques de piedra Jaimanita –típica de Cuba y salpicada de fósiles marinos- tallada en bajorrelieve por el escultor José Villa Soberón), contenedores de los espacios que conforman el Centro. Custodian el acceso unos “árboles” esbeltos, de esos que cobijan e invitan a que los recorras y te adentres, testigos permanentes y nobles guardianes de lo que albergan en su interior. Son espléndidas y justas pérgolas. Pérgolas dinámicas pero equilibradas por su esbeltez.

Todo se desarrolla alrededor de un patio interior (típicos en la arquitectura cubana), irregular pero estático y una vez que se accede a través de la ‘gruta’, es el organizador esencial de los espacios interiores que lo circundan destinados al pensamiento, la reflexión y la cultura. En este patio se recrea la naturaleza cubana y latinoamericana: sierra, piedra, arroyo, helechos, aire puro, susurro, pájaro, luz… vida. En tan poco, tanto!…

Respecto a la materialidad de la obra, fue elegida la estructura metálica como sistema constructivo, fuerte pero flexible (donde el proyectista participó directamente en la elaboración de sus componentes); las subdivisiones son de panelería ligera; los revestimientos en pisos de mármol, maderas con tratamientos especiales para su resistencia al intemperismo y cerámicas cubanas; la piedra Jaimanita ha sido tallada, representando la estratificación geológica, reflejo estructural la isla y colocada esculturalmente como revestimiento de fachada; la piedra natural, siempre húmeda, aparece en el patio interior brindando el toque de frescura; el acondicionamiento ambiental con máximo ahorro energético expresados en la recirculación del aire, el manejo de la iluminación natural y el esmerado tratamiento de la acústica; y la simplicidad del conjunto después de complejos estudios.

Estos elementos junto a la expresión arquitectónica del conjunto, determinan la naturaleza vanguardista del mismo. Algo que siempre destaca en la obra de Choy, es su capacidad de integración, Primero, con el abanico de especialistas como fruto de la profesión y su concepción de la misma, la interacción siempre respetuosa y solidaria con otros artes. En este caso fueron convocados el escultor José Villa Soberón -en el conjunto escultórico de fachada-; y el pintor Roberto Fabelo para la creación de dos vitrales exquisitos ubicados en la recepción e interpretados para ser ejecutados con una novedosa técnica de vitral. Se debe destacar que los trabajos de mano de obra y la producción de todos los elementos constructivos fueron realizados por y en Cuba casi en su totalidad; dando mérito y mención especial a las donaciones de empresas extranjeras como en el caso de la madera, especialmente tratada y sugerida para la obra en cuestión.

El objetivo ha sido alcanzado, es admirable cuando uno puede tener el placer de apreciar esta nueva joya de la arquitectura cubana. Al respecto señala Julia León, co-directora del equipo de proyecto y compañera de vida de J. A. Choy para la ‘Revista de la Construcción y Decoración’: “No se trata de un museo, y mucho menos de un templo; es un lugar vivo, un centro cultural de comunicación e intercambio con la comunidad…”

Texto: D.B.B. Arq., C.A.Bs.As.11-06-08. fotos: E.L.B.
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