Mausoleo a los mártires del 13 de Marzo, 1982. (I)


En 1982, el mismo equipo de diseñadores unia de nuevo a la arquitectura cubana con la escultura —arquitectos Emilio Escobar, Mario Coyula, Sonia Domínguez. Orestes del Castillo y el escultor José Villa—, realizan en el Cementerio de Colón de La Habana, el Mausoleo a los caídos en las acciones del 13 de marzo de 1957. Frente a la proliferación infinita de marmóreas estatuas; cruces, bustos, ángeles y trompetas, que reproducen en el ambiente de la muerte el agobiante contexto urbano de la vida cotidiana, nuevamente el espacio, el vacío, asume un significado simbólico. Un césped ondulante-rememoración de la guerra en la Sierra— envuelve el frío piso adoquinado —el escenario de la lucha urbana—, enmarcados ambos por un conjunto de banderas de acero inoxidable que marcan el eje principal, a su vez coincidente con la traza solar del día 13 de marzo que culmina en el signo puntual de una llama votiva. La esencia de la libertad y el sacrificio para obtenerla es la expresión de la historia real de la especie humana desde sus orígenes; de allí la unión entre presente y futuro y los elementos originarios de la vida y la naturaleza: la tierra, el aire, el sol y el fuego.45 (Roberto Segre, Emilio Escobar)
Igualmente disfruté el proyecto del Mausoleo del 13 de Marzo en el cementerio de Colón, también con Emilio Escobar y ganado en concurso a fines de 1981. Es más sencillo, una gran hilera de banderas en acero inoxidable que funciona como un reloj solar, arrojando cada 13 de Marzo la sombra a lo largo de una franja en el piso, donde se marcan las horas. Cuando llega a las 3:15, hora del Asalto a Palacio, se puede encender una llama en ese punto para empezar la celebración. El piso de la plazuela está adoquinado para recordar la lucha callejera, y tiene unos abombamientos que obligan a caminar mirando al piso. Al bajar la cabeza para mirar donde se pisa, se rinde así homenaje a las tumbas de los caídos. José Villa, un gran escultor entonces muy joven, colaboró en la ejecución de las banderas. (Mario Coyula)


En la revista Arte cubano la doctora María de los Ángeles Pereira, actualmente una de las voces más autorizadas en el tema de la escultura en Cuba, así reseñaba la obra.

«Es el tiempo —en su sentido físico natural y en su existencia intangible pero inobjetablemente real— el elemento plástico principal de esta obra que definitivamente testimonia la vocación de contemporaneidad y el aliento estético renovador que caracteriza a una parte nada desdeñable de la producción monumentaria en el Caribe hispano contemporáneo.«El espacio fue planteado como una plazoleta adoquinada, delimitada por lometones de tierra y césped, que culmina en un área ligeramente elevada y también revestida de césped donde se ubican los nichos que guardan los restos mortuorios, los cuales fueron cubiertos con lápidas de hormigón armado virtualmente en voladizos.«La plazoleta constituye, a la vez que espacio funcional transitable, un elemento expresivo de profundo simbolismo: los adoquines evocan el escenario urbano habanero en el cual se desarrolló la lucha insurreccional de los universitarios contra la tiranía gobernante, mientras que la presencia de dos ejes que se cortan —realizados con piedra serpentina sobre la superficie de la plaza— conforman un diseño que a manera de reloj solar, registra cada año el día y la hora exactas en que se produjeron las históricas acciones recordadas a través de esta suerte de plaza-mausoleo.«El tiempo es, por tanto, un protagonista plástico fundamental en esta obra: el eje mayor en forma de hipérbole funciona como traza solar que marca las horas; mientras que el eje menor indica el punto correspondiente a las tres y veinte minutos de la tarde. El espacio, las trazas de serpentina y la aledaña estructura escultórica de acero inoxidable fueron diseñadas y calculadas con precisión astrológica tal que cada 13 de marzo, durante el transcurso de las horas diurnas, la sombra que proyectan las banderas metálicas alineadas se va desplazando sobre el segmento de hipérbole, para alcanzar el punto de intersección entre los ejes justo a la hora precisa en que se produjo la toma de la emisora Radio Reloj, y la histórica alocución al pueblo de Cuba que desde allí leyera el presidente de la Federación Estudiantil Universitaria José Antonio Echeverría, quien perdió su vida esa misma tarde».
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