Parque de los Mártires (IV)

Uno de los maximos exponentes de la arquitectura cubana:
Emilio Escobar dice, (sueña y casi canta):

Una procesión de mártires
en el cuadrilátero irregular de su historia
Cada época con su forma
Masas de hormigón con la impronta del momento.
En huecorrelieve, las siluetas imprecisas
de quienes cayeron por nosotros,
–Cada espectador con su propio monumento–
La alquimia de la imaginación,
trasmutando cada momento en volúmenes intencionados
y trocando los espacios y los cuerpos.
En un lenguaje propicio.
Los árboles, con su verbo de símbolos.
Los laureles y las palmas reales,
los robles y los ocujes,
y los eucaliptos.
Los ocho inocentes de noviembre del 71
esperando la muerte airada frente a un odio impresentable.
Y el ala trunca de la independencia.
La primera marcha de los estudiantes,
con Julio Antonio y Rubén en 1923
El largo combate del 25 al 33
con el triunfo escamoteado,
y la bandera a bolina
Y la espera armada hasta el siguiente zarpazo.
Con su cuota de héroes y mártires…Valdés Daussá…
1934, 35, 36…
1952
La bestia, suelta de nuevo.
Otra hornada de valor desde la colina
con la muerte velando en las esquinas y las cañadas
Los tanques en las calles, sobre los adoquines
y la sangre de Rubén.
En el Moncada, confundidos con hermanos de nación,
Renato, Boris y Abel,
cargando contra la muerte y sembrando la semilla del ejemplo.
Las calles de morir con la dignidad en las manos.
Y los cuarteles, con la carga del suplicio y la tortura cotidiana
Luego, en 1957, la embestida de luz contra el tirano.
Y el alto precio del gesto, y la traición inmerecida.
Con José Antonio grabado para siempre en Jovellar,
y en la historia
Después, toda la geografía,
–ciudad y monte–
del lado del deber
Hasta el triunfo de 1959.
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