UIA 63, ANTECEDENTES Y MEMORIAS (III)

REYNALDO ESTÉVEZ CURBELO, Arquitecto, secretario del comité organizador del VII Congreso de la UIA y secretario del Colegio Nacional de Arquitectos en la etapa del Congreso. (“Arquitectura y Urbanismo” vol. XXIV, Nº 3/2003)

El primer Congreso Mundial de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) celebrado en América, constituye una referencia obligada de eventos similares en Cuba y en el mundo. A los cuarenta años de su celebración, muchos consideran que fue un evento excepcional, difícilmente superable, no solo en su reconocida organización, sino además por la participación histórica de figuras relevantes de la Revolución Cubana y del mundo, como Fidel Castro y Ché Guevara; Valentina Tereshkova y notables arquitectos del planeta. Pero lo más significativo y original fue la participación popular de los cubanos, que convenció y subyugó a todos los delegados de diferentes ideologías. Aunque la nueva directiva del Colegio de Arquitectos elegida en 1960 –francamente en contra de la Revolución–, se esforzó en torpedear los esfuerzos para celebrar el VII Congreso de la UIA en La Habana, eliminando la comisión organizadora –entre otras decisiones desacertadas, como prohibir el establecimiento de un aula para alfabetizar en el Colegio o que se celebrara un acto en homenaje a Martí–, a partir del 28 de enero de 1961, la nueva dirección del Colegio –tanto en el Nacional (presidente Raúl Macías y secretario Reynaldo Estévez), como en el provincial de La Habana (presidente Augusto Pérez Beato y secretario Arquímedes Poveda)– se enfrascó en la organización para asegurar la celebración del Congreso de la UIA en la capital cubana en 1963. En abril de 1961, después de alcanzar la victoria en Girón, se reunieron los arquitectos en la Asamblea del Colegio de Arquitectos para elegir tres delegados que los representarían en el VI Congreso de la UIA en Londres, donde debía ratificarse a La Habana como sede del VII y aprobar el tema del Congreso. El estado económico del país y la sustracción del tesoro público por parte de la tiranía batistiana, no permitía llevar a Londres una numerosa delegación (a diferencia del de Moscú, donde había asistido una treintena de arquitectos). Cuando la dirección revolucionaria entró al Colegio de Arquitectos, se encontró en sus archivos la copia de la carta que el Colegio Nacional de Arquitectos envió a la Embajada de Estados Unidos, solicitando permiso para asistir a Moscú. Esto da idea de la “independencia” y el servilismo de la época.

En el país británico las presiones y campañas contra la Cuba revolucionaria estaban presentes al unísono con la solidaridad internacional, especialmente de delegados de América Latina. Y finalmente se logró el triunfo de los objetivos que nos proponíamos. En tiempo récord la comisión de Cuba se preparó para participar y enviar una imagen gráfica y documentada de la realidad cubana y del esfuerzo extraordinario que realizaban los arquitectos y el pueblo para construir una sociedad más justa y darla a conocer al mundo, especialmente a Europa. El Colegio preparó una revista dando a conocer los resultados de ese esfuerzo y comparando el ayer y el hoy. La tirada fue de 9 000 ejemplares, número no superado en Cuba por publicaciones de su tipo y fue traducida en su totalidad al inglés y parcialmente al francés.Esta revista, que correspondía al número 330 de Arquitectura-Cuba, fue publicada con el nombre de Cuba construye. Fue un lamentable error que cometimos, inducidos por los patrocinadores del Ministerio de la Construcción, lo que rompía la continuidad de la revista del Colegio de Arquitectos y su comprensión internacional. Se llevó además una amplia exposición de la obra constructiva realizada en apenas dos años y medio, que se pudo montar al final, gracias a la cooperación generosa y gratuita de la Architectural Association School, cuyo decano, claustro docente y estudiantes, expresaron una conmovedora solidaridad con Cuba, sin la cual ello no hubiese sido posible, pues el alquiler de los locales de exposición excedían el precio del monto que llevamos. Esta exposición fue mostrada después del Congreso en Praga, Varsovia, Moscú y Berlín y parcialmente en los países escandinavos. También se llevó una magnífica colección de diapositivas con la arquitectura y los ambientes urbanos y naturales de Cuba, que fue disfrutada por arquitectos de Europa. El Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficas (ICAIC) realizó un documental sobre la arquitectura y las transformaciones del ambiente rural y urbano en la Cuba revolucionaria, con un guión del arquitecto Eduardo Rodríguez Pérez. Con duración de quince minutos, impactó a todos los arquitectos reunidos en Londres y a quienes lo vieron en otros países de Europa, por la belleza de sus imágenes, el contenido social y el idioma universal de la mejor música cubana. El amplio recorrido por Europa promoviendo el VII Congreso se hizo con un presupuesto mínimo. Miles de arquitectos y estudiantes expresaban su anhelo de visitar Cuba, y a pesar de las múltiples dificultades, el absurdo bloqueo, y la “satanización” de Cuba por los grandes medios de difusión, no pudieron evitar que asistieran al Congreso 1 275 delegados, de ellos, 400 estudiantes. Los arquitectos de un país tan cercano como Jamaica, tuvieron que volar a Londres para arribar a La Habana y a los arquitectos norteamericanos se les prohibió asistir, ni siquiera al famoso arquitecto y profesor Buckminster Fuller, quien propuso la realización Primer Encuentro de Profesores y Estudiantes de Arquitectura, aprobado por la reunión del Comité Ejecutivo de la UIA en abril de 1962 para celebrarse en La Habana, precediendo al VII Congreso. Pero no obstante, las presiones de diversa índole, entre fines de septiembre e inicios de octubre de 1963, asistieron representantes de 80 países y un total de 2 221 participantes entre el Encuentro de Profesores y Estudiantes y el Congreso. La delegación más numerosa, naturalmente fue la cubana, de los cuales 325 eran arquitectos (la mitad del total en aquel entonces), 328 estudiantes y 277 observadores (ingenieros civiles, representantes de la cultura cubana, en su mayoría). La delegación extranjera más numerosa fue Brasil con 166 miembros, le seguía Chile con 138, Francia trajo 108, la antigua URSS 107, de Uruguay y Argentina vinieron 75 de cada país, de México 54.

La dirección de la UIA reconoció que el VII Congreso había sido el mejor organizado de todos hasta ese momento, opinión que se extendió al ámbito internacional. Fueron dos años de intenso trabajo del Colegio Nacional de Arquitectos, con la participación de casi todos los arquitectos de Cuba, de estudiantes, de ingenieros, y el apoyo del gobierno y el pueblo revolucionario. Desde inicios de 1962 se constituyó el Comité Organizador del Congreso y, a mediados de ese año, los documentos contentivos del programa provisional, la invitación, reglamento, el tema del congreso detallado en sus cuatro secciones, la exposición internacional, y las convocatorias para el concurso internacional para el Monumento a la Victoria de Playa Girón, y para el Primer Encuentro Internacional de Profesores y Estudiantes de Arquitectura, fueron enviados a todos los países en los cuatro idiomas oficiales de la UIA. Desde el primer semestre de 1962 se comenzó a elaborar la ponencia de Cuba. Personalmente realicé la coordinación general y elaboré la sección de Vivienda y la Unidad Vecinal, con el análisis de la Habana del Este. El enfoque nacional y el Planeamiento Regional estuvo a cargo fundamentalmente del arquitecto argentino Jorge Vivanco, al igual que el arquitecto español Joaquín Rallo, quien hizo valiosos aportes al Congreso en investigaciones sobre la arquitectura, el medio urbano y el clima de Cuba. La sección de Técnicas Constructivas fue elaborada por arquitectos del Ministerio de Industria, principalmente por Beatriz Masó, Everardo Mendoza el argentino Raúl Pajoni y otros más. Cada una de las cuatro secciones de la ponencia fue discutida y revisada en centros laborales afines a su contenido y enviada para su revisión a todos los arquitectos cubanos y otros extranjeros que trabajaban en el país. Se recibieron aportes valiosos de los profesionales del ramo y de otras profesiones a las que se les consultó. Fue publicada en los cuatro idiomas de la UIA, en un libro con encuadernación especial, junto con el resto de las ponencias de cerca de treinta países, por una imprenta de Leipzig. Este trabajo de la publicación fue coordinado por el arquitecto Raúl González Romero. En el trabajo de preparación del Congreso se contó con la participación voluntaria de muchos arquitectos, estudiantes y otros profesionales. Para las publicaciones adicionales del Congreso se contó con la valiosa contribución de personalidades de la cultura, como el investigador Manuel Moreno Fraginals, quien redactó el libro sobre La Habana; el aporte de la Casa de Las Américas a través del laureado investigador Martínez Amengual, asistido por el entonces joven y ya brillante Miguel Barnet, se tradujo en la publicación acerca del subdesarrollo en América Latina. El Colegio de Arquitectos confeccionó el plano más preciso y abarcador de la Ciudad de La Habana y también hubo un trabajo importante de diseño que abarcó la imagen del Congreso: cajetillas de cigarrillos, cajas de fósforos, discos, sellos de correos, artesanías, juegos de diapositivas... Dentro del proceso de preparación se incluyó la de los guías e intérpretes. Para ello fueron seleccionados 800 becarios de entre los que estudiaban lenguas extranjeras, recibiendo cursos especiales de seis meses para turismo arquitectónico los primeros y de entrenamiento en interpretación simultánea los segundos. También participaron arquitectos e ingenieros extranjeros. Además de los cuatro idiomas oficiales del Congreso, se ofrecieron traducciones en otros diez idiomas. En total se utilizaron 600 guías en aeropuertos, puertos, hoteles, exposiciones, paseos, etcétera. Durante 1963 fueron enviados los arquitectos Fernando Salinas y Raúl González Romero a Europa, Fausto Ferrer a Suramérica, y Rolando Samuel a África, para promover la participación de arquitectos y estudiantes en el Congreso. Como parte de las actividades previas al Congreso, el Colegio de Arquitectos convocó a un concurso de trabajos teóricos que favorecieran el desarrollo arquitectónico. Podían participar arquitectos e ingenieros civiles. El premio lo ganó el entonces joven y ya creativo ingeniero “Pimpo” Hernández, con su “Introducción al análisis intrínseco de estructuras curvas”, publicado también en los cuatro idiomas del Congreso.

Durante el Congreso la zona de La Rampa adquirió su máximo esplendor con el Congreso, con nuevas construcciones como el Pabellón Cuba y la rehabilitación o reparación de otras edificaciones para las muestras y con las aceras, integradas a la exposición de artes plásticas al aire libre, tal vez la más extensa del mundo. En La Rampa y en sus alrededores se montaron doce exposiciones internacionales, entre las cuales estaba la de los trabajos presentados al concurso al Monumento a Playa Girón, que ocuparon todo el edificio del Retiro Odontológico, donde permaneció más allá del 4 de octubre, fecha en que concluyó el trabajo del Jurado –en el cual solo participó un cubano, el arquitecto Antonio Quintana–, cuya polémica selección nunca llegó a construirse.

El Encuentro de Profesores y Estudiantes de Arquitectura se inauguró el 27 de septiembre. Oficialmente se inscribieron 57 Escuelas de Arquitectura y 17 estaban como observadoras, representando en total cuarenta y tres países, predominando los estudiantes, especialmente los delegados de América Latina y en general del mundo subdesarrollado. Ello influyó en que las resoluciones finales básicamente se clamaban por cambios socioeconómicos en la estructura de esos países no liberados, siendo aprobadas por cuarenta escuelas, con cinco en contra y dos abstenciones. El Ché Guevara, que el viernes en la mañana, en el discurso de clausura, calificó las conclusiones de muy políticas, revolucionarias y científicas, también manifestó su ignorancia de que el encuentro de la UIA era apolítico, pero que al ver las resoluciones, concluyó que la ignorancia era colectiva. El día anterior, 28 de septiembre, aniversario de la fundación de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), los delegados al Congreso fueron invitados a la concentración en la Plaza de la Revolución, donde fueron presentados y saludados por Fidel. Al final muchos de ellos alzaron y enlazaron sus brazos al ritmo de la Internacional. Después
algunos se refirieron al hecho como una simpática tradición folklórica de los cubanos. La inauguración del Congreso estaba señalada para el 29 en horas de la tarde y en la mañana se reunía el Comité Ejecutivo de la UIA con el Buró Organizador de Cuba. Un ejecutivo de la UIA renegaba alarmado del Encuentro de Estudiantes y con la copia en la mano de las intervenciones y resoluciones, decía que preludiaban otra toma de La Bastilla.
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