UIA 63, Arquímedes Poveda, memorias. (VI)

ARQUÍMEDES POVEDA GODÍNEZ. Arquitecto, miembro del Comité Organizador de la UIA y Secretario del Colegio de Arquitectos de La Habana, en la etapa del Congreso UIA 63, nos relata sus memorias sobre el importante evento que organizara la arquitectura cubana en: “Arquitectura y Urbanismo” vol. XXIV, Nº 3/2003

ALGUNOS ANTECEDENTES

Antes que terminara el año 1959, ya en el Colegio de Arquitectos se habían organizado las Milicias Nacionales Revolucionarias, así como el Movimiento Revolucionario de Superación Arquitectónica (MARS). La directiva del Colegio elegida en noviembre de 1960 asumía una actitud cada día más ostensiblemente contrarrevolucionaria y provocadora, hasta hacerse insoportable, por lo cual se decidió, con el apoyo de la dirección de la Revolución, que el MARS se hiciera cargo del Colegio, lo cual fue anunciado en un acto celebrado el 28 de enero de 1961, en conmemoración del natalicio de José Martí. Este hecho implicaba que quienes habían asumido la dirección del Colegio se hicieran cargo de todos los compromisos existentes y uno de ellos, y de gran envergadura, era la realización en La Habana del VII Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA). Y de inmediato nos dimos a la tarea que significaba organizar y celebrar tal Evento.

ANTES Y DURANTE EL CONGRESO

La celebración del Congreso en La Habana, se había propuesto en Moscú en 1958, aprobado en Lisboa en 1959, y ratificado en Londres en 1961. Nuestro trabajo en la preparación del congreso resultaba agotador. Mención especial merecen las compañeras Norma Porra y Olga Llera, quienes sin ser arquitectas “metieron el hombro” con nosotros en esos difíciles días. Nos dábamos cuenta que con los modestos recursos del Colegio era imposible lograr para Cuba el
éxito de tarea tan gigantesca, por lo que a principios de 1963 decidimos plantear la situación al arquitecto Osmany Cienfuegos, entonces Ministro de la Construcción quien, al comprender la situación, dispuso volcar hacia esa actividad todos los recursos humanos y de otro tipo que fueran necesarios. Ya en 1962 se había constituido el Comité Organizador del Congreso y en 1963 su Buró Ejecutivo, integrado por Osmany Cienfuegos, Raúl Macías, Augusto Pérez Beato, Reynaldo Estévez, Fernando Salinas, Eduardo Rodríguez, Rolando Samuel y el que suscribe, Arquímedes Poveda, a quien correspondió la responsabilidad de la Secretaría de Relaciones Internacionales. El almanaque implacable ya nos ha privado, en este aniversario (2003), de la presencia de Macías, Salinas, Rodríguez y Pérez Beato. Cada uno de los miembros del buró tenía sus responsabilidades específicas, pero muchos otros arquitectos también tuvieron las suyas y trabajaron de modo destacado, entre ellos, Raúl González Romero, Mario Girona (también fallecido recientemente), Félix Pina, Juan Tosca, Rubén Barbat, Fernando Aguado, Hilda Fernández Vila, Cecilia Menéndez, Rosita Talleda, Jorge Sturla, Ricardo Franklin, los últimos tres también fallecidos. Desde antes de celebrarse el Congreso, las actividades que se preparaban tuvieron gran repercusión en la prensa nacional y, personalmente informé en una conferencia de prensa, en marzo de 1963, acerca del plan de excursiones, actos sociales y culturales, y otras actividades, así como del entusiasmo que habían expresado por venir arquitectos de diferentes lugares, lo mismo de Turquía, de Brasil, de México, de la República Democrática Alemana, de Polonia, Checoslovaquia, de la República Popular China y de muchos otros países. También recuerdo que informé sobre el barco “Amistad con los pueblos”, de la ex RDA, que ya en esa fecha tenía cubierta las 600 plazas disponibles; asimismo que las más prestigiosas revistas de arquitectura del mundo y representantes de la prensa de muchos países, ya habían mostrado interés por asistir al Evento, cuyo tema fue “La arquitectura en los países en vías de desarrollo”, sutileza para no titularlo “La arquitectura en los países subdesarrollados”.

En la reunión de la Unión Internacional de Arquitectos celebrada en Bélgica en abril de 1962, se había acordado aprovechar el Congreso para promover un encuentro de profesores y estudiantes de arquitectura, y recuerdo la participación protagónica que tuvo nuestro querido e inolvidable Ché en esa primera parte del Evento. No puedo dejar de mencionar aquí al profesor norteamericano Buckminster Fuller y su propuesta sobre la enseñanza de la arquitectura y la planificación. No escapa a mi memoria la reunión de fines de abril de 1963, donde todos los arquitectos cubanos, sin distinción alguna, tuvieron la oportunidad de discutir democráticamente, el contenido de la ponencia que presentaría Cuba al Congreso, así la participación de los arquitectos cubanos en el Congreso y en las obras de la Revolución. Hay una tarea, de mi responsabilidad, que considero de interés y que no quisiera dejar de mencionar: la invitación para asistir al Congreso, que a nombre del Comité Organizador, enviamos a la dirección personal a cada uno de los arquitectos estadounidenses. Como ya no existían relaciones con Estados Unidos, solicitamos a nuestro personal diplomático en la ONU (todavía no existía la Oficina de Intereses) buscar la relación de todos los arquitectos de ese país con sus direcciones. Cuando ya daba por perdida la gestión, nos llegó un voluminoso paquete en respuesta a lo solicitado. Inmediatamente redacté, a nombre del Comité Organizador, una carta de una página que después de traducida y reproducida por miles en imprenta, las mecanógrafas agregaron nombres y apellidos y dirección particular de cada arquitecto. El voluminoso paquete con las cartas fue enviado al personal diplomático cubano en Canadá, con el ruego de que enviaran las invitaciones. No caben dudas de que las cartas fueron correctamente enviadas, pues no fueron pocas las cartas que recibimos, unas políticamente insultantes, pero no pocas agradeciendo la invitación, lamentando no poder asistir, y expresando la esperanza de que en fecha no muy lejana tendrían el gusto de poder visitarnos fraternalmente. Aunque fue políticamente positivo, los pocos arquitectos norteamericanos que asistieron al Congreso, trabajaban o vivían en Cuba.

Los recuerdos vagan y retroceden cuarenta años atrás. Nos resulta imposible olvidar el gigantesco hotel Habana Libre y otros cinco grandes hoteles, que en aquellos días parecían vibrar hasta los cimientos, donde se encontraban alojados los visitantes extranjeros y los arquitectos que tenían importantes responsabilidades en el Congreso. No pasaba mucho rato sin que llegaran nuevos arquitectos de los más apartados rincones del planeta, el entra y sale era constante. En el aeropuerto y en el puerto, los arquitectos cubanos encargados de recibir a los delegados, no tenían descanso. Tampoco se aparta de nuestra mente el embellecimiento de los edificios de la calle 23, de la famosa Rampa, y sobre todo de sus aceras, totalmente nuevas, en granito de colores y con valiosos diseños de pintores famosos como Portocarrero, Lam y otros. En medio de una de las actividades del Congreso, los arquitectos Osmany Cienfuegos, Fernando Salinas, Raúl Macías y Arquímedes Poveda, recibieron, de manos de la delegación brasileña, diplomas acreditativos de haber sido declarados Miembros de Honor del Instituto de Arquitectos de Brasil. Igualmente recibieron, de los delegados de Chile, diplomas que los acreditaban como Miembros de Honor del Colegio de Arquitectos de ese país. La sesión de clausura, el 3 de octubre de aquel 1963, cuando se aproximaba a las provincias orientales el ciclón Flora, tuvo lugar en el teatro de la Central de Trabajadores de Cuba. Por la parte cubana ocuparon un asiento en la presidencia de aquel gran acto, además de Fidel, el Ché y Osmany Cienfuegos, los arquitectos Raúl Macías, Reynaldo Estévez, Arquímedes Poveda, Fernando Salinas y Antonio Quintana; como invitadas de honor estaban Vilma Espín y Valentina Tereshkova, primera mujer cosmonauta, de visita en Cuba por aquellos días. Inolvidable fue la grandiosa fiesta en el Hotel Riviera de El Vedado, con sus bellos decorados para la ocasión, las famosas estatuas de hielo que se mezclaban con el bullicio, la alegría y los fuertes abrazos, algunos de los cuales habían tenido que esperar por años. En las visitas a los distintos lugares de la capital, como a La Habana Vieja, era obligada la de la Catedral, enfrentándose en sentidos saludos los que llegaban con los que abandonaban. Aquello fue un gran acontecimiento, fueron días en que, como nunca, se hizo sentir la proverbial hospitalidad del cubano. El pueblo se unía a nosotros en su deseo de atender también a sus visitantes, y hasta algunos hubo que improvisaban sus cánticos referentes al Congreso y a los visitantes y que con mucha sonoridad, terminaban con el sonsonete que se repetía: “...arquitecto, ven, ven, ven...” (La Habana, julio 2003, ARQUÍMEDES POVEDA GODÍNEZ)
2 comentarios

Entradas populares de este blog

Rehabilitación de “San Ignacio, 360”. Plaza Vieja, Habana Vieja.