UIA 63. CONCURSO INTERNACIONAL MONUMENTO A PLAYA GIRÓN.





(Primer Premio, equipo polaco.)

Un concurso y un proyecto que aunque no llegó a construirse si influyo de manera positiva en la Arquitectura cubana. La idea de conmemorar la victoria de Cuba en Playa Girón era anterior al Congreso y hubo un primer concurso. A la vista de la celebración del VII Congreso de la UIA, se lanza una nueva convocatoria, que tenía en cuenta los requisitos de esa organización, por parte del Colegio Nacional de Arquitectos y países subdesarrollados que no se han iniciado. Se presentaron a concursar 274 proyectos correspondientes a arquitectos de 35 países. El jurado estuvo integrado por Robert Matthews (Inglaterra), Yang Ting Pao (China), Pierre Vago (Francia), Icaro de Castro (Brasil), Vittoriano Vigano (Italia), Guillermo Jones (Uruguay), Jan Zachwatoicz (Polonia), Berto Lardera (Brasil), Antonio Quintana (Cuba), este ultimo en sustitución de Oscar Niemeyer que no pudo viajar al evento. Todos los proyectos presentados se expusieron en los nueve pisos del edificio del Retiro Odontológico (actual Instituto Superior de Economía).




Sobre este concurso el reconocido historiador Roberto Segre comentaba: La serie de símbolos de la Revolución se inicia con el Concurso Internacional del Monumento a la Primera Derrota del Imperialismo en América Latina, sufrida por los mercenarios en el ataque a Playa Girón en 1961, en ocasión del VII Congreso de la UIA celebrado en La Habana en 1963. El primer premio, otorgado a un equipo de arquitectos polacos —hoy definitivamente descartado por irrealizable económicamente-. En este forum, el objetivo esencial de los jóvenes y varios viejos arquitectos locales, identificados con el proceso revolucionario, era mostrar al mundo los cambios acelerados efectuados en los cuatro años del nuevo régimen, a pesar de las dificultades creadas por el bloqueo de Estados Unidos y la política agresiva de este país, cuya principal iniciativa había abortado en Playa Girón (1961). De allí también la importancia otorgada al concurso para el monumento que recordaría en la Ciénaga de Zapata, la aplastante derrota de los invasores. Participaron cientos de profesionales y resultó premiado el proyecto de un equipo polaco – arquitectos Marek Budzynski, Andrzej Mrowiec; ingeniero Wieslaw Szymanski; decoradora Grazyna Boczewska y el escultor Andrzej Domanski, quienes radicaron un año en la capital para elaborar los planos, sin que la obra se concretara–, muy sugestivo y evocativo, con un fuerte lenguaje abstracto y brutalista, que exteriorizó la idea del tanque enemigo que se estrella sobre la costa, por medio de gigantescos volúmenes de hormigón emergentes del mar. La acción defensiva, arraigada en la tierra está simbolizada por una trinchera semihundida, que a su vez contiene el Museo histórico. El valor plástico del conjunto no está acompañado por una claridad semántica de la idea comunicada: tiende a jerarquizar la idea ofensiva sobre la defensiva. Dentro de una concepción similar —opuesta a la pobreza comunicativa característica de las innumerables composiciones abstractas o figurativas presentadas—, pero con un contenido inverso que exterioriza claramente la acción fulminante sobre el enemigo, se ubica el proyecto de los arquitectos Vittorio Garatti y Sergio Baroni, cuya monumentalidad queda reducida a su dimensión mínima -simples placas de hormigón superpuestas que forman un piso escalonado—, asimilada dentro de la funcionalidad circulatoria del espacio arquitectónico.

Mención a Baroni y Garatti.


Y el imprescindible Mario Coyula lo recordaba de esta manera: En 1964 estaba trabajando como contraparte del equipo polaco dirigido por el arquitecto Marek Budzynski que había ganado el primer premio en el concurso internacional para el monumento a la Victoria de Playa Girón, cuyo fallo fue hecho público durante el VII Congreso de la UIA en La Habana, 1963. Yo era el único cubano trabajando en el equipo y aprendí mucho de ellos, aunque eran todavía más jóvenes que yo. Había otro arquitecto, Andrzej Mrowiec, quien después trabajaría con Ricardo Porro en un proyecto para el concurso del Euro Kursaal en San Sebastián, anticipándose por un cuarto de siglo al surgimiento del deconstructivismo. Eso quizás les costó el premio. Había un ingeniero, Wieslaw Szymanski, la única persona mayor en un grupo de veinteañeros; y además un escultor, Andrzej Domanski, y una diseñadora, Grazyna Boczewska, con ojos de un azul tan claro que se volvían ominosamente blancos cuando la luna los iluminaba de plano. En el viaje de regreso a su país Mrowiec se quedó en París y Grazyna se asentó poco después en Suecia. El proyecto para Girón era inteligente, renovador y visualmente muy hermoso, pero estuvo envuelto desde el principio en una aureola maldita creada por los que veían una mayor fuerza expresiva a la agresión, simbolizada por unos enormes bloques de hormigón rojo pardo --el color integral se lograría mezclando limallas de hierro en el hormigón-- que a manera de cuñas salían del mar para romperse contra la costa; mientras que la defensa asumía la forma de una trinchera-museo, que por su propia naturaleza resultaba poco visible. Un argumento adicional, aportado por alguien más sensible o menos receloso hacia posibles trampas ideológicas, era que con el tiempo la rotura de los bloques podía llegar a parecer natural, debido al envejecimiento. Esto, unido a la dificultad técnica para construir los bloques en unas aguas demasiado profundas, puso a dormir el proyecto, cuyas enormes pancartas espectacularmente dibujadas sirvieron por un tiempo de biombo entre unas oficinas del MiCons central. Recuerdo todavía la técnica empleada en el dibujo para lograr la pátina de los bloques escultóricos: sobre el cartón pintado con crayola rojo siena emborronaban con tinta china para crear una maraña muy tupida de líneas finas, y luego rascaban con una cuchilla de afeitar flexible de doble filo hasta lograr una textura parecida a una litografía.
 




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