UIA 63, Mario González Sedeño (IV)

Mario González Sedeño, quien fuera premio nacional de arquitectura cubana en años recientes, fue protagonista de este evento como presidente de una de las comisiones. Rememora en el monográfico dedicado al 40 aniversario del congreso de la UIA editado por la CUJAE, “Arquitectura y Urbanismo” vol. XXIV, Nº 3/2003.

En la foto, el joven que está a la izquierda, es el autor de estas líneas, en el centro está el presidente de la Mesa de la Comisión de Planificación Regional, Sir Arthur Ling de Inglaterra, y a la derecha Pierre Vougà de Francia, que en ese momento era el orador de turno.

El Evento tuvo lugar en el Hotel Habana Libre (antiguo Hotel Hilton), que entonces estaba todavía flamante, puesto que tenía solo cinco años de construido. Por la parte cubana dirigió las operaciones Osmany Cienfuegos como Ministro de la Construcción (o de Obras Públicas). El presidente del Colegio Nacional de Arquitectos era Raúl Macías Franco, que había conseguido la sede del Evento desde hacía algunos años. Se celebró paralelamente con el Primer Encuentro Internacional de Estudiantes de Arquitectura, donde el Che pronunció una memorable conferencia. La Rampa fue arreglada integralmente, esto es, se rehicieron las aceras con granito de color claro. Cada cierto tramo (unos dos metros) se le pusieron juntas expansivas de color naranja y se ubicaron rítmicamente versiones de cuadros de pintores ubanos llevados a granito de aproximadamente 0,60 m x 0,60 m con gruesos flejes de bronce. Se colocaron cuadros de Portocarrero, Mariano, Hugo Consuegra, Amelia, y otros, los cuales permanecen. Por primera vez se estudió una calle existente para renovarla, y así se analizó el conjunto de edificios de la calle 23 desde L hasta el Malecón estudiando la volumetría de los edificios y la paleta de colores. Al frente de ese estudio estuvo el arquitecto Adolfo González.

Los urbanistas ingleses que eran varios y de reconocida competencia alabaron el conjunto urbano de La Rampa. Ellos no sabían que, excepto el trabajo realizado para renovarla, el conjunto era puramente casual, aunque sí algunos edificios tenían elevada calidad arquitectónica: el Habana Libre, Radiocentro, el Pabellón Cuba, el Seguro Médico, el Centro Comercial La Rampa y el Ministerio de Comercio Exterior. El Pabellón Cuba fue construido para la ocasión, con una admirable solución techada pero abierta, y con un fuerte componente de áreas verdes por la calle 23; el conjunto atravesó el esbelto edificio N y se extendió hasta la calle 21. Contenía una exposición resumida de la historia del país donde antes de entrar en el edificio N era la etapa de formación de nuestra cultura y el túnel del edificio se utilizaba para exhibir acentuadamente la tétrica etapa de la tiranía batistiana. Luego el triunfo de la Revolución se abría como una explosión de luz y alegría en el área mayor que abre para la calle 21. Este excelente proyecto arquitectónico fue de Juan Campos Almanza y la no menos excelente exposición se debió a Enrique Fuentes.

En el Congreso se establecieron varias comisiones. En mi caso me tocó estar en la mesa de la Comisión de Planificación Regional como secretario, el presidente era Sir Arthur Ling de Inglaterra y los oradores se sucedían en la mesa. Desde luego que la delegación cubana no quería dejar pasar la oportunidad de hacer que las conclusiones en cada comisión no tuvieran las usuales características del lenguaje verbalista de estos congresos internacionales. Mister Ling, que presuntamente había participado en la lucha del pueblo español defendiendo la República, había involucionado con los años y ahora defendía el statu quo. Todas las comisiones eran igualmente importantes desde nuestro punto de vista, pero esta era particularmente esencial que tuviera unas conclusiones enérgicas. Como era lógico, a medida que pasaban las horas y no se lograba consenso para la declaración final de la Comisión, comenzaron las consultas y los cabildeos entre los asistentes. Pero Mister Ling se mantenía firme en no aceptar declaraciones tan fuertes. En medio de aquellos momentos de tensión, yo saqué un cigarrillo y la consiguiente cajita de fósforos. Ya comenzaban a sentirse los primeros estragos del bloqueo y a los fósforos les faltaba algún ingrediente y ¡ay! delante de todos cuando lo rallé, la cabeza encendida salió disparada y con toda precisión cayó encima de los papeles del Presidente de la Comisión de Planificación Regional, Sir Arthur Ling, que atónito miraba como comenzaban a incendiarse los documentos. Luego, con la característica flema inglesa los apagó con la palma de la mano. Sobre las cuatro de la madrugada, en vista de que la Comisión seguía plantada en la declaración, Mister Ling cedió, producto del cansancio y de la firmeza de la mayoría de los participantes. La declaración de la Comisión es modelo en cuanto a las verdades que encierra y en la forma que planteó de superar esos problemas en el futuro.
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