Conjunto habitacional en Tallapiedra, Fernando Salinas.

En el camino que recorrería la arquitectura cubana con más o menos fortuna de los bloques de edificios multifamiliares, veremos un ejemplo de los primeros años de la Revolución. Los edificios para obreros en Tallapiedra (1960), son la evolución (según Mario Coyula) a escala urbana de las formas petaloides ya empleadas por Fernando Salinas en la casa del río. Unos edificios con un máximo de cuatro plantas se pliegan y desdoblan para formar espacios interiores que se comunican entre ellos y con la calle, la continuidad como premisa, pero fragmentando y creando combinaciones variadas con formas simples, se debe destacar la muy lograda integración de los espacios interiores, parques, jardines, etc. en el conjunto.

La prestigiosa profesora de Historia de la Arquitectura, Angela Rojas que en un principio no entendió esa manera de Salinas de romper la retícula, opinaba de esta manera en 2002:

Era inconcebible que alguien tan brillante rompiera con la trama en un gesto que podía ser considerado de franca provocación urbanística. Era entonces perdonable, no solo por el resto de su obra, sino porque la zona donde está enclavado el conjunto –y debí, mejor, haber escrito “clavado”– es un territorio que en los años sesenta era abiertamente menospreciado por casi todos: los elevados del ferrocarril, la termoeléctrica... el borde degradado y poco glamoroso de La Habana Vieja.

Hace poco fui con dos amigos a recorrer la calle Factoría, buscando la continuidad hacia Monte del proyecto para el borde portuario que estamos desarrollando en la Facultad de Arquitectura de La Habana. De pronto, y coincidiendo con una de las entradas al antiguo Cuartel de San Ambrosio, miré hacia mi izquierda y lo que vi fue una de las más bellas imágenes que recuerdo de La Habana: la termoeléctrica, iluminada por un sol no muy alto aún a las diez de la mañana, era dorada y grácil dentro de su monumentalidad. Y la forma cualquiera la enmarcaba tan perfectamente que no podía deberse al azar. Y entonces comprendí la voluntad de diseño que había llevado a Salinas a “romper” con la trama. Había logrado, con humildes edificios de viviendas y una fábrica gigantesca que en aquel entonces ya había cumplido medio siglo, la continuidad del espacio urbano, la espectacularidad de una escenografía barroca. Más adelante, como subrayando que no había sido un efecto fortuito, la segunda abertura del conjunto, la que no podía ya enmarcar a la termoeléctrica, se cerraba en sí misma con los planos ascendentes del piso. Y me pareció que todo no era otra cosa que una broma de Fernando Salinas a costa de los incrédulos detractores. O, peor, los esquemáticos, que llegamos a creer que la armonía se logra a golpe de repetición. Y no fuimos capaces, hace casi cuarenta años, de comprender la sutileza de ese guiño del Maestro: un “guarisquein” barroco de ladrillos ... con una forma más que pensada.

Durante una entrevista a Roberto Segre, el mismo Salinas hablaba así de este conjunto habitacional:

“… en Tallapiedra, enfrenté la inserción de bloques típicos en el centro histórico La Habana, buscando modificar la abstracta tipología por una forma que integrara entre sí el espacio urbano exterior e interior. De allí la curvatura de los edificios, alrededor de un patio, que generó la identidad del “lugar” para los habitantes. Siempre estuve en contra del anonimato vigente en los conjuntos habitacionales de nuestro país, donde los edificios se denominan por el sistema constructivo, su altura o sus siglas: doce plantas, gran panel, E.14, IMS, moldes deslizantes, LH, que pueden ser las siglas de un plano en un archivo pero no capaces de identificar el espacio cotidiano de vida de la gente. Se trata de un falso tecnicismo que revela en el fondo una actitud superficial y burocrática de los funcionarios estatales.”




Ver Arquitectura Cubana - Varios en un mapa más grande

Fuente: Revista “Arquitectura y Urbanismo”, Vol. XXIII, Nº 3/2002.
Fotos en color: usuario “ojitoagua” en panoramio
Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Rehabilitación de “San Ignacio, 360”. Plaza Vieja, Habana Vieja.