Fernando Salinas, Empresa de Mecanización agrícola, EMA. 1964

La arquitectura cubana tiene entre sus vertientes una corriente orgánica con la que se experimentó bastante en los 60. Fernando Salinas construye en 1964, a la vez que también hacía el conjunto residencial en Manicaragua, una escuela de mecánica agrícola EMA ubicada en El Calvario, La Habana, las oficinas de la misma hechas con componentes prefabricados y con el objetivo de insertarse en el entorno, dos bloques curvados y articulados alrededor de un patio y un antiguo árbol de Ceiba; usando formas petaloides como quiebrasoles, uso de cubiertas jardín, etc.

Tema: Oficinas de la Empresa de Mecanización Agrícola (EMA)
Ubicación: El calvario, La Habana.
Arquitecto: Fernando SaIinas.
Ingeniero calculista: José E. Hernández.
Sistema constructivo: laminas de hormigón plegado y pórticos prefabricados.

“En la EMA diseñé moldes que facilitaban la curvatura en plantas del edificio o trazados petaloides en los quiebrasoles, asumidas de las formas de las frutas tropicales.” –decía Fernando Salinas a Segre.-

Cuando se habla de prefabricación, se piensa de inmediato en formas geométricas simples, ortogonales, rígidas, compuestas monótonamente en unidades iguales y repetidas ad infinitud, flexibilidad, variabilidad de alternativas, integración a las irrequIaridades del paisaje quedan asociadas a la arquitectura artesanal. El proyecto de estas oficinas demuestra cómo prefabricación y construcción tradicional pueden unirse dialécticamente en una conjunción determinada por factores funcionales, económicos y estéticos. El edificio, formado por dos cuerpos longitudinales curvos que se articulan concéntricamente alrededor de un patio, gira a partir de un centro virtual indicado por la presencia de un añoso árbol. Mientras la arquitectura pretende homogeneizarse con el suelo, sumarse a los taludes naturales y artificiales de tierra, a las verdes superficies de césped, que se continúan en el “techo jardín” (cubierta vegetal) de las oficinas; la naturaleza, sintetizada en el vigor de la ceiba, se proyecta hacia lo alto estableciendo una contraposición de líneas verticales y horizontales. La diferencia de puntal y la inclinación de los techos dirigen las visuales hacia las perspectivas del paisaje lejano y a la vez permite una correcta solución lumínica y de ventilación en todos los locales. La luz, tamizada por el fuerte voladizo del alero que actúa como pantalla protectora y la variedad de visuales determinadas por la curvatura del edificio, forman un aliciente renovado cotidianamente al desarrollo de la actividad productiva.


Fuentes: “Aquitectura Cuba” 336, 1966. p.10, Libro Arq. y urb. de la Rev. Cub. Roberto Segre, ilustraciones: Rafael Fornes y Revista Arquitectura y Urbanismo, Vol. XXIII, Nº 3/2002


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