Fernando Salinas y Raúl González Romero. Casa del río, en Miramar, 1958

Otro de los primeros ejemplos que aportara Fernando Salinas a la arquitectura cubana fue la casa que proyectó junto a Raúl Gonzáles Romero, no olvidemos que en estos años también colaboraba en el estudio de Arroyo y Menéndez con importantes responsabilidades dentro del mismo. La casa del Río o del puente como también se conoció el proyecto encargado por Higinio Miguel está ubicada en 7ª, nº 206, Miramar. Con un sabio juego de puntales en el interior, los espacios dependiendo de su uso tienen mayor o menor altura, el salón gana en amplitud proporcional, logrando diferenciar los espacios sin artilugios de decoración o innecesarios tabiques divisorios donde no hacen función alguna. El talento de estos arquitectos les llevo a diseñar incluso buena parte del mobiliario para esta vivienda.

En una entrevista a Roberto Segre, ya citada en anteriores “post”, Salinas se refería así a las casas que construyera en Miramar el año 1958 junto a Glez. Romero:

Uno de los objetivos básicos propuestos fue hallar nuestro propio lenguaje, expresivo de una interpretación personal creativa de la herencia histórica de las condiciones ecológicas y la modernidad, filtrada a través de la realidad cubana. Tratamos de mantenernos equidistantes, tanto de las tendencias locales desarrolladas por los profesionales de prestigio como de los modelos internacionales que imponían los maestros del Movimiento Moderno; Frank Lloyd Wright, Le Corbusier, Mies van der Rohe, Richard Neutra, Marcel Breuer, etcétera. Las dos casas construidas, la del puente para Higinio Miguel y la residencia de la calle 60, ambas en Miramar, expresaron nuestras búsquedas en la elaboración de los detalles constructivos, de las piezas metálicas de las carpinterías, y la propuesta de mobiliario; en la tamización de la luz exterior por intermedio de filtros y pantallas cromáticas, la expresión de los materiales, la intimidad de los espacios interiores. Higinio Miguel nos solicitó una casa en estilo “Renacimiento español” y poco a poco lo fuimos llevando a la asimilación de la arquitectura moderna hasta aceptar incondicionalmente nuestro proyecto. Allí contamos con la participación de un maravilloso constructor, Chirlillo González, quién, enamorado de la obra llegó a perder dinero en su ejecución. Mientras en la casa del puente, adoptamos una estructura compositiva clásica vertical, asumiendo la tradición de la casa colonial y la monumentalidad de las palmas reales.

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Fuentes: “Arquitectura y Urbanismo”, Vol. XXIII, Nº 3/2002 y Guía de arquitectura de la Habana, Eduardo Luís Rodríguez.
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