Roberto Gottardi. “A Prado y Neptuno”. (I)

Roberto Gottardi, quien lleva tantos años trabajando por la arquitectura cubana, diseña en 1968 con un proyecto pionero donde se integraba lo nuevo y lo viejo, la pizzería Maravillas, en El Cerro, 30 años después, en 1998 realiza un proyecto muy similar esta vez en el Prado, y que hoy traemos al blog en tres partes, fue publicado en el número 379 de la revista Arquitectura Cuba un texto del mismo autor.

Al empezar un proyecto es fundamental el análisis conceptual, la relación entre el tema y la sociedad, en el momento en uno actúa. En este caso me preocupaba la presencia posible de noventa personas comiendo simultáneamente en un ambiente único, Io que me llevó a diferenciar el espacio en tres zonas básicas: una con el puntal original seis metros y la vista de las vigas del entresuelo; otra definida por el techo agudo de cerchas y las transparencias de los acrílicos verdes, y la tercera con un techo plano 2.75 m de altura, que hasta cierto punto prescinde del techo original. Lo anterior hace que uno perciba el espacio de manera diferenciada y por experiencias sucesivas de acuerdo a la zona en que se encuentra. lo que crea un interés particular al recorrerlo y enriquece la comprensión del ambiente en su totalidad, cosa que resulta imposible desde un único punto. Un segundo elemento a tener en cuentas el contexto inmediato, -el Prado fundamentalmente- y el contexto inmediato, La Habana en general y especialmente La Habana Vieja y Centro Habana.

Así nacen ciertas citas de principios de siglo, momento en que se define el entorno del Prado más o menos con la apariencia actual, como la silla de Charles Rennie Mackintosh, de1918; la puerta emplomada y la losa decorativa, libre versión en terracota de la usada por Frank Lloyd Wright en la casa Ennis, de 1924, originada también por la tendencia a lo decorativo de la arquitectura habanera, como atestiguan las construcciones enchapadas en losa sevillana o las de influencia morisca con elementos en relieve, tridimensionales con sus juegos de luz y sombra. Con este fin evocativo de una época, las paredes están terminadas con estuco Veneciano color verde hoja seca y las lámparas son de doble cristal (blanco y verde) de Murano en cada mesa, lo que crea una atmósfera intimista, característica de muchos interiores partir del siglo XIX.

Las fachadas del restaurante-cafetería a las calles Prado y Neptuno han sido revestidas con un zócalo losas de barro inspiradas en el diseño de Frank Lloyd Wright para los bloques de la casa Ennis, Los Angeles


Prado y Neptuno, en los años 50


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