Roberto Gottardi. “A Prado y Neptuno”. (III)

Entre el restaurante y el bar se ubica un pasillo que conduce a los servicios sanitarios y teléfonos.




La señalización de la cabina telefónica y de los baños parte de unos cuadros de Roy Lichtenstein, artista pop de los años 60, que se inspiraba en el mundo de las tiras-cómicas, vistas con sentido del humor. La figura de la mujer y del hombre de las puertas se reencuentran agigantadas en los tabiques interiores y multiplicadas por el espejo corrido de los lavamanos y el tocador.

Otro factor muy habanero, -nos sigue diciendo R. Gottardi-, que he vivido en estos años, es el de la luz y su influencia en los diferentes espacios, también está presente. Siempre me llamó la atención la incidencia la luz, directa a veces, indirecta otras como los patios o teñida por el verdor de las abundantes plantas que encontramos hasta las casas más humildes, o filtradas a través de mamparas o mediopuntos de cristal de colores, contrastando con zonas de sombras apaciguadoras, pausas de un sol cegador. En este proyecto se encuentra también una gran variedad de espacios caracterizados por luz, incluyendo los reflejados una especie de realidad virtual que incide en los espacios reales, pasando de la luz directa a la tamizada por cristales rojos o por la lona del patio o con tonos irreales producido por el neón, y zonas de diferentes grados de sombras que crean un interés contrastante y variado, nunca repetido.

Por todo lo expuesto espero que a pesar de los códigos no usuales empleados se sienta el resultado muy cubano, muy habanero y no un producto importado ajeno a nuestra realidad. Evidentemente, esta experiencia mía de 38 años en Cuba está filtrada por una formación y cultura europea, italiana y veneciana que me ha ayudado a entender mejor las características, constantes y peculiaridades de todo tipo de este país.
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