El Día del arquitecto cubano (III)

¿CÓMO SE CONCEBÍAN LAS ACTIVIDADES A CELEBRAR ESTE DÍA?

Se creaba una Comisión Organizadora encargada de la concepción integral del programa, que por muchos años se centraba en un solo día: el 13 de marzo. En la segunda mitad de la década de los cincuenta se observa la extensión del programa a la víspera, en que se espera, a las doce de la noche, la llegada de tan señalada fecha. Los actos podían agruparse en actos de recordación, reconocimientos y confraternidad, y de forma general se comportaban de la siguiente manera:

· Visita al cementerio
Durante los primeros años (aproximadamente hasta la primera mitad de la década de los cuarenta) se colocaba una ofrenda floral en la tumba de cada uno de los arquitectos fallecidos. Se dividían en diferentes grupos de profesionales, amigos y familiares para la colocación de las ofrendas. Luego se reunían y se decía un discurso u oración fúnebre a cargo generalmente de un arquitecto al que se le asignaba la misión. A medida que pasan los años se observan ligeros cambios, motivados quizás porque el número de fallecidos se iba haciendo cada vez mayor: se comenzó a celebrar una misa en la capilla central del Cementerio de Colón y se coloca la ofrenda floral al último fallecido, del que se hacía un panegírico.

A partir del año 1953, además de la misa en la capilla Central se visitaba el recién construido Mausoleo del Colegio de Arquitectos, cuyo proyecto había sido sometido a concurso anteriormente. Continuaba luego la costumbre de la visita al último fallecido que podía o no estar sepultado en el Mausoleo. El objetivo de este acto era recordar a los arquitectos fallecidos, no dejarlos perderse en la oscuridad del olvido y sacar enseñanzas y ejemplo de sus vidas profesionales y ciudadanas, porque, como dijera en una ocasión el arquitecto José M. Bens Arrate: ” No existe peor muerte que la del olvido, y nosotros no los hemos olvidado en ningún instante”.

· Visita a la universidad
Esta actividad perseguía el objetivo de lograr un reencuentro de los profesionales con su vida estudiantil y profesional, con las aulas y ambientes que disfrutaron en aquella época; conocer el actual desarrollo y perspectivas de la Escuela de Arquitectura, la formación del arquitecto, planes de estudio, realizar intercambios de ideas, y apoyar con toda la fuerza profesional del Colegio de Arquitectos las iniciativas y tareas valiosas que se propusieron los facultativos de la especialidad. Por lo regular se realizaba un recibimiento por el rector y el decano de la Escuela de Arquitectura, quienes dirigían la palabra a los visitantes. El Presidente del Colegio de Arquitectos respondía a la atención. La actividad se celebraba de forma solemne en recintos apropiados para ello, hasta que la Escuela de Arquitectura logró separarse como Facultad, y contar con su propio local. Podía el decano, o algún profesor responsable de cátedra explicar algo relacionado con la impartición de asignaturas y planes de estudios. Se hacían experiencias demostrativas de laboratorio, visita a locales de interés (ampliaciones por ejemplo). En ocasiones se hacían exposiciones de trabajos de estudiantes, ofrendas florales al Alma Mater, discurso de algún estudiante y brindis.
Marta Elena Lora Álvarez, “Arquitectura y Urbanismo”, Vol. XXIV, Nº 3/ 2003.
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