LE BEAU SERGE. (Baroni por Coyula) II

Esa fidelidad -la de Sergio Baroni- trasvasada a sus orígenes de arquitecto lo llevó a realizar proyectos relevantes, como la propuesta hecha con Vittorio Garatti que recibió Mención especial en el concurso internacional de 1963 para el monumento a la Victoria de Playa Girón. Allí los dos amigos plantearon un tratamiento paisajístico del terreno, con un abanico de terrazas escalonadas de gran escala. A cuarenta años vista, me asalta la idea de que una combinación de este proyecto con los hermosos bloques rojo pardo del equipo polaco ganador, saliendo ominosamente del mar, hubiera resuelto el criticado desbalance simbólico --la agresión con más fuerza visual que la defensa-- que al parecer selló la mala suerte del proyecto premiado, devenido mampara divisoria entre unas oficinas del Ministerio de la Construcción.

De nuevo con Garatti, Baroni ganó el concurso para el pabellón de Cuba que se construyó en la EXPO 67 de Montreal; y entre 1968 y 1969 realizó el Puesto de Mando de la Agricultura del Yarey en Jiguaní, antigua provincia de Oriente. Independientemente de sus muchos aportes en la planificación, Baroni será recordado como el padre del Sistema de Asentamientos Humanos en Cuba; muy ligado a su objetivo de promover una cultura del territorio. La claridad inobjetable de su discurso logró el milagro de que los cubanos aceptaran esos recovecos verbales tan caros a los intelectuales italianos de izquierda (¿herencia gramsciana?), incorporando términos como propedéutica o epistomiología. Su gran autoridad internacional, reflejada en la multitud de invitaciones recibidas para asesorar y dar conferencias en el extranjero, y su inclusión en las redes ALFA-MOST y ARCH/PERIF, fue puesta al servicio de varios proyectos de colaboración que se extendieron a muchos especialistas y estudiantes. Su obra publicada, aparte de infinidad de textos metodológicos y normativos internos, apareció en revistas de nivel internacional como Casabela, Ciudad y Territorio, Zodiac, Archivos de Arquitectura de las Antillas y otras. Su ensayo .Rapporto dal´Avana., publicado en Zodiac 8, 1993, hizo una introspectiva revisión del panorama de la arquitectura y el urbanismo en Cuba. Con un pequeño addendum del propio autor, publiqué en el año 2000 ese mismo trabajo en el número doble especial de Cuba Update dedicado a La Habana, del cual fui editor invitado. El hecho de que ese texto se mantuviera vigente después de ocho años es una muestra de la certeza de sus análisis. Pero su especial sentido de la mesura, esa gran cualidad que tanto nos falta, lo levaba a pecar por defecto. A diferencia de algunos gimnastas de la palabra que se autohipnotizan con sus propios encantamientos, Sergio Baroni dejaba siempre con ganas de pedirle más, como sucede con la Coca respecto a la Pepsi.

Al igual que con ese otro gran amigo que se marchó a destiempo, Luis Lápidus, la confianza de tenerlos a mano y disponibles para cualquier consulta o, simplemente, para cualquier descarga, daba la engañosa ilusión de que siempre iban a estar allí. Su ausencia deja un vacío con mucho de desconcierto para los sobrevivientes que, como en aquel poema de Roberto Fernández Retamar, debemos ahora cuestionarnos a quiénes debemos la sobrevida.




Mario Coyula, La Habana, noviembre de 2002. (Parte 2ª)
Publicado en Arquitectura y Urbanismo, Vol. XXVI, No. 2/2005.
Agradecimiento por imágenes: arq. Cheo Malanga
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