José Antonio Choy; Centro de Estudios Che Guevara. (III)




En 2003, la Unión de Artistas y Escritores de Cuba (UNEAC) convocó a un concurso de proyectos para el Centro de Estudios Che Guevara, resultando ganadora la propuesta del equipo dirigido por José Antonio Choy y Julia León, junto a sus colaboradores Adriana Choy, Antonio Villar y Alexis Silva. La obra, construida entre 2004 y 2007, y financiada con fondos oficiales y contribuciones internacionales, fue distinguida con la Mención de Honor en la categoría “Arquitectura cívica”, en la VI Bienal de Arquitectura de la Federación Caribeña de Asociaciones de Arquitectos (FCAA), celebrada en Willemstad, Curazao, en 2007. Como antecedente de esta sede, ya en 1984 se había habilitado el archivo personal de Ernesto Guevara a los investigadores interesados en sus trabajos científicos, ideológicos y autobiográficos. Este archivo, al cuidado de su viuda Aleida March, funcionaba en la casa que el Che habitara entre 1962 y marzo de 1965, fecha en la que parte hacia el Congo; esta se sitúa en la calle 47 entre Conill y Tulipán, en el barrio de Nuevo Vedado.


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La nueva sede del Centro de Estudios Che Guevara (CEChG) se ubica exactamente calle por medio de la casa del Che. Bajo la dirección científica de la socióloga María del Carmen Ariet, esta entidad se propone conservar el archivo, desarrollar y promover las investigaciones sobre el pensamiento, la vida y la obra del Che, e impulsar los proyectos que en ese campo se produzcan en el ámbito nacional e internacional. Otra meta ambiciosa del Centro es la de recuperar, sistematizar y publicar toda la obra de Guevara, pues la inédita es mayor que la editada. (Textos que van desde su primera juventud hasta su asesinato en Bolivia). A su vez, se lo ha concebido como museo biográfico, centro cultural del barrio y espacio de actividades artísticas alternativas.





El partido básico son dos volúmenes que flanquean un patio interior al cual se accede desde la calle por un portal central semicubierto. En el volumen izquierdo, de doble altura, se dispuso la sala de visitantes y los espacios de exposición, mayormente destinados a un recorrido histórico de la vida del Che, desde sus años en Rosario, Buenos Aires, y Alta Gracia, hasta su lucha en Bolivia, pasando por su estancia en Guatemala, México y los tiempos de guerrilla en Cuba y el Congo. Gigantografías, textos y objetos, incluyendo su Ford verde y la Poderosa” —una motocicleta Norton 500 de su periplo sudamericano con Granados— constituirán el material expuesto.

En el ala derecha, de dos niveles, se ubicaron las salas de proyecciones, de lectura y de reuniones, las oficinas de los investigadores y tres talleres-laboratorio comunitarios para fotografía, cerámica e informática; cada uno de ellos dedicado compañeros ligados a la vida del Che. El de fotografía se llama “El Patojo” (Julio Roberto Cáceres Valle), en honor a su amigo guatemalteco, quien viajó junto a él por México como fotógrafo ambulante y murió en combate en Guatemala en 1962. El de cerámica lleva el nombre de “Camilo Cienfuegos”, compañero de lucha en la sierra y que había cursado cerámica en la Escuela “San Alejandro”, de La Habana. Por su parte, el laboratorio de informática dedicado a “Salvador Vilaseca”, en recuerdo de quien fuera su profesor de Matemáticas superior y programación lineal, entre 1959 y 1965.



En el semisótano se ubicaron los garajes, depósitos y locales técnicos. Las cajas murarias se revisten, a manera de contrapunteo, en madera oscura y piedra clara (¿tabaco y azúcar?). Estos muros planos no conforman geometrías abstractas, pues la textura de la tablazón y la piedra coralina de Jaimanita sin pulir les imprimen a estas pieles —económica y plásticamente austeras— una fuerte materialidad, casi orgánica. La fachada urbana, que utiliza esa misma piedra que aparece enfrente, en la casa del Che, acusa sutiles relieves que remiten a los perfiles de la sierra. Esta arquitectura, que sin abandonar su-carácter publico, se integra al contexto urbano residencial, alineándose a la calle y continuando los perfiles y alturas de las casas vecinas.

El espacio abierto entre las dos cajas, un pórtico a manera de enorme zaguán sesgado en suave pendiente ascendente, está cubierto por celosías de tablillas ondulantes al tope de altos fustes de madera, a modo de “columnas-palma” que le arrancan sombras al sol tropical. Otras columnas, blancas y esbeltas, se repetirán en las galerías interiores. Un gesto de cubanía, teniendo en cuenta la insólita proliferación de columnas en los patios y soportales habaneros. Alejo Carpentier, en el ensayo La ciudad de las columnas (Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1982), señala que en Cuba se generó un urbanismo barroco-americano, “que consistió en acumular, coleccionar, multiplicar columnas y columnatas en tal demasía de dóricos y corintios, de jónicos y de compuestos, que acabó el transeúnte por olvidar que vivía entre columnas, que era acompañado por columnas… y hasta que era velado por columnas en las noches de sus sueños”. Columnas que luego fueron mestizadas hasta el infinito, reinterpretadas por cuanto maestro de obra se le atreviera al Vignola, y ahora poéticamente por Julia y Choy.


Recordemos que la casa de patio, con fuerte presencia de agua y vegetación, fue la tipología habanera, de origen español, predominante desde el siglo XVII. El patio central del CEChG, rodeado de galerías, fue diseñado a partir del verde exuberante, el agua del riachuelo, los pavimentos de madera y canto rodado, todo en consonancia con el clima húmedo y cálido, rematado en un muro ciclópeo poblado de helechos e hilos de agua. Para este ámbito, el paisajista Sergio Ferro recreó la atmósfera del monte cubano, de la vegetación del Escambray y plantó jacarandás, abundantes en el litoral santafesino donde nació y creció el Che.

La integración de la plástica es otra marca importante de la obra, presente en los vitrales del camagüeyano Roberto Fabelo, aludiendo al simbólico y maravilloso mundo americano; y en la escultura del Che que se implantará en el patio, obra del santiaguero José Villa Soberón.


Centro de Estudios Che (I)
Centro de Estudios Che (II)


Fuente:
Resumen del articulo: “Piedra y Memoria” de Jorge Ramos. Revista “Summa”, nº 96.
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