Orestes del Castillo, clave para burlar almanaques.


El doctor, arquitecto y profesor Orestes del Castillo un profesional eternamente pleno y vital, es además asesor de la Dirección de Arquitectura Patrimonial de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, miembro de la Sección Cubana del Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio (CICOP) y de ICOMOS Cuba. Entrevista hecha por Vladia Rubio, al prestigioso profesor Orestes del Castillo, aparecida en la revista “la construcción y la decoración - nº 18.

Verlo subir los peldaños de dos en dos rumbo a su oficina, desalmidonado y risueño, intercambiar como uno más con el grupo de estudiantes que allí le aguardan, responder teléfonos, firmar documentos, dar consejos sobre cómo enfrentar cierta indómita escalera, y todo eso casi simultáneamente, hace imposible calcularle los años vividos al doctor, arquitecto y profesor Orestes del Castillo, aunque su cabello sea blanco.

“Es que me apasiona estar con la gente joven, obliga a estudiar, a mantenerme al día, hacen preguntas incisivas. Y no les debes responder con mentiritas”. Declara a modo de excusa y, sin saberlo, este excepcional hombre de 70 años revela su clave para burlar todos los calendarios y, a la vez, uno de los principales motores que impulsan su quehacer profesional; recompensado en 2004 con el Premio Nacional de Arquitectura Vida y Obra, que otorga la UNAICC.

Aun cuando desde el bachillerato había decidido que echaría la suerte junto a mesas de dibujos y proyectos, su primer año en La carrera no auguró nada de lo que le depararía el provenir:

“En verdad fue absolutamente fatal. Yo venía de un colegio privado con muchos controles y al llegar a la universidad encontré la libertad y me indigesté con ella, al punto de costarme cuatro asignaturas. Pero eso me hizo tomar una fuerte decisión: no iba a repetir. Matriculé en la modalidad de curso libre todas las asignaturas del segundo año y las cuatro pendientes del primero. De ahí en adelante decidí ser un buen estudiante. “Un día de visita de obra, un brillante profesor, Luís Sáenz Duplace -el Ingeniero del puente de Bacunayagua, del FOCSA y de otras tantas obras-, sentenció: tú vas a sustituirme alguna vez en la docencia. No le hice caso y, pese a ello, desde 1962 he estado dedicado a impartir las materias que él enseñaba y en las que fui su alumno.

Recién graduado, en 1962, Orestes se vio frente a un aula. Y ya nunca abandonó la enseñanza quien es hoy profesor de Mérito de la Facultad de arquitectura del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría. Ha impartido cursos de pre y postgrado en universidades de Francia y Bolivia y conferencias en las de Miami, Harvard, Alicante, Granada, Santiago de Chile, Concepción y Florencia. ¿Qué opina sobre la actual formación académica de los futuros arquitectos?

“La concepción curricular resulta muy buena. Las fallas aparecen en su materialización, pero este plan de estudios contempla aspectos que en otros lugares del mundo no son tan profundamente tratados. Además, en el extranjero he apreciado que los arquitectos no se preocupan tan intensamente de su trabajo profesional como los cubanos. En otras latitudes los he visto llegar a la obra y sin apearse del carro, bajar un poco la ventanilla y dar desde allí las indicaciones. “Aquí hay muchos profesionales jóvenes que se toman la cosa muy en serio, tienen inmensas ganas de hacer. En ocasiones se les frena la creatividad y eso es algo que no puede frenarse, sobre todo a la juventud. Debe orientárseles, sí, pero dejar que desarrollen la imaginación. Es más fácil ajustar a las necesidades prácticas una imaginación desarrollada, que obtener de una mente adocenada soluciones de calidad.”

Este doctor en Ciencias Técnicas no se ha formado y ganado lauros sólo por andar entre pupitres. Comenzó su vida laboral antes de estar titulado y una vez egresado, se inclinó hacia el tema de Las estructuras, que había sido centro de su formación profesional. ¿Puede hablarse de aportes cubanos al universo de las estructuras?

“Evidentemente, hay un importante cúmulo de brillantes obras de ingeniería estructural desarrolladas en Cuba por profesionales nacionales que han alcanzado reconocimiento nacional e internacional, tanto en el aspecto teórico como en la actividad de la práctica constructiva. En lo que pudiera considerarse como una aportación personal, puedo expresarle -si es ese su interés periodístico- que tuve La honrosa posibilidad de colaborar con el profesor, doctor e ingeniero Pimpo Hernández, quien ideó estructuras laminares con destino a obras para la defensa del país y también en sistemas constructivos de gran versatilidad. En el campo de las mallas espaciales, Gonzalo Paz y yo fuimos de Los iniciadores, con un sistema creado por nosotros, extensamente empleado en el país. Después hubo más profesionales con alta capacidad técnica que desarrollaron otros sistemas. Vale decir que quienes primero construyeron una malla espacial en Cuba, fueron el arquitecto Néstor Garmendía y el ingeniero Mario Durán, está en el Palacio de Pioneros Ernesto Guevara del Parque Lenin. Allí hay dos ejecutadas por ellos.”

¿A qué atribuye que le hayan conferido el Premio a la Vida y Obra?

“Pienso que se ha debido a mi interés por el trabajo, a los resultados obtenidos, y a que he aprendido de mis fracasos y problemas. Porque al final se aprende más de esas cosas que de las que salen bien.”

¿Y han sido muchos los fracasos?

“No muchos, pero hubo uno significativo en Levisa, Holguín, allá por 1965, el desplome, durante la construcción, de un edificio de cuatro plantas, cuya estructura yo había diseñado. Al cabo de los diez años quedaron claras las causas de ese colapso que, afortunadamente, no provocó pérdidas de vidas humanas.”

Entre sus muchos triunfos, el más reciente aconteció justo el día de esta entrevista, cuando se aprestaba a recibir el grado de Caballero de la Orden del Mérito Nacional de Francia, conferido por el presidente de ese país a propuesta de la embajada gala en Cuba. Para este reconocimiento mucho influyeron su quehacer en el ámbito del Patrimonio, en particular el vínculo con la Oficina del Historiador de La Habana y su actividad académica.

“Considero que nuestro patrimonio arquitectónico se está tratando con absoluto respeto. Como miembro de la Comisión Provincial de Monumentos, soy uno de sus defensores. Pero vale aclarar que el respeto al patrimonio no significa repetir fórmulas. El arquitecto es responsable de dejar la huella de su tiempo es su deber. Y junto al patrimonio se debe introducir arquitectura contemporánea; sin embargo, hay que saberlo hacer. Y además, respetar el entorno, para lo cual existen regulaciones urbanísticas que permiten a ese profesional reinterpretar las riquezas patrimoniales existentes.”

Tan importante resulta imbricar ambas tendencias. que la III Bienal Internacional de Arquitectura de La Habana , de cuyo Comité Organizador Orestes del Castillo fue Presidente Ejecutivo, se dedicó precisamente al tema Movimiento Moderno, Arquitectura Contemporánea y Centros Históricos.

“Lo que está ocurriendo en el Centro Histórico de La Habana abunda- no sólo tiene importancia arquitectónica y urbanística, su mayor significación es social. Se trata de que esa parte de la ciudad permanezca viva y conserve en su interior la mayor parte de los núcleos poblacionales. Casi la mitad de las viviendas está en pésimas condiciones, el propósito de la Oficina dirigida por Eusebio Leal es transformarlas en decorosos apartamentos, preservando a la vez la herencia, nuestra riqueza patrimonial. Y ya se va consiguiendo.”
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