Museo Napoleónico. “La Dolce Dimora” (I)


El edificio que los habaneros hoy conocen como Museo Napoleónico fue la residencia del acaudalado Orestes Ferrara, denominada por él la Dolce Dimora. El presente artículo, de la prestigiosa profesora de la CUJAE: Maria Victoria Zardoya, trata sobre este ejemplo singular de la vivienda ecléctica habanera, donde se conjuga la sobriedad de lo clásico del Renacimiento con una cierta imagen de fortaleza.

ORESTES FERRARA Y “LA DOLCE DIMORA”

Orestes Ferrara fue un personaje singular cuya vida estuvo fuertemente vinculada a la política durante la primera mitad del presente siglo. Napolitano de origen, llegó a Cuba en 1895, a los diecinueve años participó en la Guerra de Independencia, donde obtuvo el grado de coronel. Con la instauración de la República ocupó desde muy temprano el cargo de presidente de la Cámara de Representantes y obtuvo por oposiciones el puesto de catedrático de la Facultad de Derechos de la Universidad de La Habana. Esta controvertida figura fue un notable orador y escribió sobre temas tan disímiles como “Martí y la elocuencia”, “El papa Borgia”, “La guerra europea, causas y pretextos”, “Maquiavelo y la diplomacia” o “Cicerón y Mirabeau; la moral de dos grandes oradores", por solo citar unos títulos. Además de sus memorias


Su vida fue motivo de interés por parte de la prensa. En El Diario de la Marina, El Heraldo de Cuba, La Nación, La Discusión, Carteles, Bohemia y hasta en algunas publicaciones de otros países como de Bogotá o American News de los Estados Unidos se escribieron con frecuencia artículos relacionados con Orestes Ferrara. Las condecoraciones que recibió, frases que se le atribuyeron, discursos que pronunció, su cumpleaños ochenta, caricaturas o la conocida acusación de intervencionista que le hiciera Emilio Roig de Leuchering, fueron dados a la máxima publicidad.

En 1928, la prestigiosa firma Govantes y Cabarrocas diseñó la Casa Ferrara cobrando por ello $ 4 467, equivalentes a un 5 % de los $ 89 350 del costo total contratado a la firma de los Sucesores de J. F. Mata. El período en que se construyó esta residencia, se caracterizó por el empleo indistinto de variados estilos pues los arquitectos, a sugerencia de los propietarios o por inspiración propia, hacían uso de diferentes vocabularios historicistas para diseñar las edificaciones. Fue una época de múltiples renacimientos, a la misma vez se construyeron iglesias románicas y góticas, teatros barrocos y clásicos junto a bancos y escuelas con monumentales pórticos griegos. Generalmente los estilos no se usaban de forma ortodoxa, lo más frecuente era que se combinasen diferentes filiaciones en una misma edificación. En las residencias, este eclecticismo se evidenció no solo en la combinación de elementos arquitectónicos disímiles, sino además en la conjunción de ellos con variadas decoraciones interiores. Puede hablarse en este sentido del establecimiento de un código no escrito acerca de cuál era el estilo más apropiado para la decoración de los diferentes locales de una vivienda.



MARÍA VICTORIA ZARDOYA LOUREDA. Arquitecta. Doctora en Ciencias Técnicas, Profesora Auxiliar. Facultad de Arquitectura de La Habana, Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría, CUJAE, La Habana. Publicado en la revista “Arquitectura y Urbanismo”, Vol. XXVI, No. 1/2005

Museo Napoleónico. “La Dolce Dimora” (I)
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