Museo Napoleónico. “La Dolce Dimora” (III)


ANÁLISIS FORMAL

En el primer nivel, se utiliza en el corredor un pavimento de mármol gris y negro con combinaciones de otras tonalidades en algunas de las secciones en que se subdivide esta galería. Los techos planos se alternan con bóvedas de cañón para acentuar la diferenciación espacial a lo largo del recorrido. Las paredes simulan despiezos y en el área inmediata a la salida hacia el patio, estos despiezos son rústicos. Los vanos se enmarcan con pronunciadas molduras y una doble cornisa individualiza la sección principal en la que se encuentra la escalinata que conduce hacia el vestíbulo. El pavimento del vestíbulo es de mármol beige con una cenefa carmelita y el techo es plano y liso. En las paredes se usa un despiezo distinto al del corredor pues se alternan horizontalmente franjas de dos tamaños diferentes.



El Gran Salón es el área de mayor connotación dentro de la vivienda. Es un espacio de doble puntal con un trabajado pavimento de mármol de varias tonalidades. Las paredes son lisas y se destaca en ellas el tratamiento diferenciado de los vanos. La puerta de entrada desde el vestíbulo tiene una elaborada moldura de madera preciosa que mezcla motivos clásicos con elementos de la arquitectura colonial cubana. El otro vínculo con el vestíbulo se produce a través de un vano que proyecta hacia dicho vestíbulo un balcón con reja de hierro. Las cuatro puertas monumentales que se comunican con el exterior, tres al patio lateral y una a la calle, tienen un elaborado diseño ejecutado en hierro y cristal al igual que la del acceso principal y la que conduce al patio trasero. Dichas puertas se destacan por una sucesión de bloques de tamaños alternos que bordean el vano a manera de molduras. Muy distinta es la puerta hacia la capilla enmarcada con un enchape de mármol verde que combina con líneas modernas el cristal y la madera. El techo del Gran Salón es plano y su sistema de vigas y canes de madera también alude a la tradición colonial. Un balcón corrido al que se llega desde el piso superior, enfatiza el doble puntal de ese espacio.

La capilla tiene paredes de aparejo rústico combinadas con un pavimento de mármol gris, beige y negro. Puertas y ventanas con persianería francesa de madera dura barnizada, armonizan con el techo inclinado de vigueta y tablazón, también de madera barnizada. El segundo nivel ocupa aproximadamente la mitad del área del primero, debido al doble puntal del Gran Salón. Se llega al recibidor del comedor y al balcón que se proyecta hacia el Gran Salón a través de un pasillo en forma de L, de pavimento beige con cenefa carmelita y paredes con despiezo uniforme y doble cornisa. Desde este pasillo se sale hacia el único balcón exterior de la casa proyectado hacia la calle San Miguel. Con una profusa decoración se jerarquiza el vínculo que se produce entre este vestíbulo y el Gran Salón. El recibidor es un local rectangular decorado con motivos clásicos. El pavimento desarrolla un damero blanco y negro diagonal a la cenefa que lo enmarca. Las paredes, iguales dos a dos, enfatizan con recuadros decorativos los dos grandes vanos: el nicho que se vincula con el vestíbulo y la entrada hacia el comedor. Varias cornisas, ménsulas, dentículos y flores se mezclan con elaborados diseños que recuerda un panal de abejas y que contrastan con el techo liso.


MARÍA VICTORIA ZARDOYA LOUREDA. Arquitecta. Doctora en Ciencias Técnicas. Publicado en la revista “Arquitectura y Urbanismo”, Vol. XXVI, No. 1/2005
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