Museo Napoleónico. “La Dolce Dimora” (IV)


Del recibidor se pasa al espacioso comedor. Su pavimento es también en damero, en este caso perpendicular a la cenefa carmelita que lo circunda. Puertas y ventanas con persianería francesa le otorgan majestuosidad a ese local. Los ángulos de las esquinas están redondeados y la decoración de las paredes está basada en recuadros que junto al decorado bajorrelieve del techo, muestra influencia del llamado estilo Adams. La puerta hacia el recibidor está rematada por un frontón muy decorado al centro, mientras las secundarias que comunican con los locales de servicio quedan enmascaradas con la decoración a ambos lados de un gran espejo.

Del comedor se sale hacia una terraza. Desde una arcada sobre columnas dóricas se divisa la cubierta de tejas criollas de la capilla y el patio posterior. El pavimento es de mármol gris y en el techo se utilizaron vigas de madera y las paredes son de aparejo rústico. El tercer nivel posee un aspecto más sobrio que los inferiores. El pavimento del pasillo es gris con cenefa negra y las paredes tienen un despiezo sencillo que se continúa a través del techo. La habitación del señor Ferrara, pequeña en relación con las dimensiones del resto de la casa, posee paredes lisas con doble cornisa próxima al encuentro con el techo, que sí tiene una profusa decoración. La habitación de la señora María Luisa es mucho mayor y tiene un diseño diferente. Las paredes están decoradas con recuadros y pronunciadas molduras a diferencia del techo que es liso. Desde la habitación se llega a una terraza pequeña descubierta, con vista hacia el patio posterior. Los dormitorios de los visitantes son más sencillos. Su pavimento es gris con cenefa negra y las paredes y techos son lisos, teniendo decorada únicamente la línea de intersección entre ellos. Todas las habitaciones tienen su baño independiente y ventanales con persianería francesa. Ubicada entre los cuartos para huéspedes hay otra terraza. La zona techada con madera tiene pavimento de mármol rosado y la parte al aire libre está protegida por un piso de cerámica abrasiva. Como en todas las áreas exteriores se destacan los elementos de inspiración renacentista, bancos de mármol, columnas clásicas y superficies rústicas que contrastan con los techos influenciados por la arquitectura cubana tradicional.






Hacia el cuarto nivel se llega por una escalera construida con madera preciosa, diferente a las del resto de la residencia, en la que, a diferencia de los niveles inferiores se utilizó madera torneada. La biblioteca, un espacio que expresa opulencia, constituye el local más importante de este último nivel. Las paredes están revestidas con libreros de madera preciosa tratados como elementos arquitectónicos, con puertas, nichos, cornisas y dentículos. El pavimento de mármol verde oscuro y negro, acentúa la magnificencia del local. Es aquí donde se siente con mayor peso la influencia de la arquitectura del período colonial por la repercusión espacial del techo, réplica en menor escala de los más elaborados techos de armadura usados en el período colonial. De la biblioteca se puede pasar a una pequeña terraza al aire libre, delimitada por una balaustrada y desde la cual se ven, en orden sucesivo, las cubiertas de tejas de las terrazas inferiores y de la capilla. Desde la biblioteca también se accede a dos locales pequeños y hacia el exterior. Ubicada perpendicular a la biblioteca y paralela a las oficinas, se encuentra una amplia logia cuyo diseño está a la altura de los locales más relevantes de la casa. El pavimento es una elaborada combinación de cerámica con elementos esmaltados de variados colores que armonizan con el sofisticado zócalo de azulejos a relieve, similares a los empleados en el comedor del Capitolio Nacional. Se repite en esta área el techo de par y nudillo usado en la biblioteca.

Cuando se analiza la edificación en su conjunto, puede afirmarse que las texturas rústicas logradas, la reiterada persianería francesa, el uso de arcos de medio punto, los techos inclinados con cubiertas de tejas criollas en todos los casos, las uniformes proporciones de los vanos independientemente de la diversidad de tamaños empleados, le otorgan una gran coherencia a la expresión exterior de la casa a pesar de la notable variedad de sus interiores.

ÁREAS EXTERIORES





El Gran Salón se comunica con un pequeño patio íntimo cuyo contorno triangular es el resultado de la forma no ortogonal de la propiedad del señor Ferrara. Dentro de él se combina área de césped y una zona para sentarse, con bancos de mármol y estatuas inspiradas en la Antigüedad grecolatina. En la parte posterior de la vivienda se encuentra ubicado un patio de grandes dimensiones al cual se llega por el corredor desde la puerta principal o a través de la capilla por una pequeña pero suntuosa escalinata. A eje con la puerta de la capilla se ubicó una fuente comunicada con un pequeño estanque y al final una estatua. Dos canteros en forma de C, ubicados simétricamente a ambos lados de ese eje, consolidan el carácter académico del diseño.

La extensa superficie que ocupa el patio está dividida en varias áreas con identidad propia a través de desniveles, cambios de pavimentos, ubicación de canteros de diferentes alturas, bancos de distintos tipos y balaustradas corridas. Los desniveles usados en el primer nivel entre el corredor de entrada, el vestíbulo, el Gran Salón y la capilla, permitieron ubicar debajo de esta última las habitaciones de servicios. Su puerta de entrada queda oculta por la escalinata que comunica la capilla con el patio. Un alto muro rematado con una reja delimita el patio. Su única puerta constituye la entrada de autos de la casa que conduce directamente hacia los garajes ubicados independientes de la vivienda.

En la casa Ferrara se reiteran las alusiones a la arquitectura colonial cubana. Fue proyectada en momentos en que se debatía acerca de la necesidad de una arquitectura propia en Cuba y el uso del vocabulario neocolonial comenzaba a verse como camino adecuado para ese fin. Pero en la casa Ferrara no se usan óculos cuadrifoliados, ni molduras barrocas en los vanos, ni balcones con balaustres torneados de madera. En este caso la alusión es más sutil y se materializa fundamentalmente en los sistemas constructivos y materiales usados en los techos y cubiertas, lo que repercutió en forma notable en la expresión exterior del edificio.

Pudiera decirse tras este análisis que en la Casa Ferrara los arquitectos Govantes y Cavarrocas preanunciaron el uso de los códigos neocoloniales que utilizarían un año después en el Pabellón de Cuba de la Exposición Iberoamericana de Sevilla en 1929, obra por la cual se les considera entre los principales precursores de esta tendencia en Cuba.







MARÍA VICTORIA ZARDOYA LOUREDA. Arquitecta. Doctora en Ciencias Técnicas. Publicado en la revista “Arquitectura y Urbanismo”, Vol. XXVI, No. 1/2005

Enlaces:

Una visita virtual al Museo Napoleónico

Colección filatélica de 1969 sobre las pinturas del Museo Napoleónico
Orestes Ferrara durante la caída de Machado


Museo Napoleónico. “La Dolce Dimora” (I)
Museo Napoleónico. “La Dolce Dimora” (II)
Museo Napoleónico. “La Dolce Dimora” (III)
Museo Napoleónico. “La Dolce Dimora” (IV)
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