El Sifón del Alcantarillado de La Habana



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La Oficina del Historiador de la Ciudad estudia un nuevo proyecto que mejore su imagen en el contexto urbano donde está enclavado, en tanto sean resaltados los valores de esta maravilla constructiva, cuya belleza y maestría está precisamente en lo que no se ve.

Antecedentes


La más oculta de las obras ingenieras, desconocida y tal vez hasta la menos agradable por su olor, es el Sifón del Alcantarillado de La Habana, sin embargo, está considerada una de las siete maravillas de la ingeniería cubana. Según apuntes de Juan de las Cuevas Toraya, la extracción y conducción de las aguas negras fuera de las ciudades hizo necesario que estos residuos corrieran a través de sistemas más higiénicos y expeditos que permitieran una rápida evacuación, sobre todo, a partir del uso y extensión del inodoro a principios del siglo XIX. Para esa época, La Habana carecía de kilómetros de cloacas suficientes para conducir las aguas fuera de su recinto, por el contrario, las pluviales y las negras descargaban simultáneamente, llegando los albañales a inundar, en época de lluvia, las casas construidas por debajo del nivel de la calle. Era entonces la ciudad colonial una urbe de malos olores e impurezas a la vista.




No es hasta el gobierno de intervención norteamericano (1898-1902) que se toman medidas al respecto dentro de su campaña de modernidad, limpieza a higienización, que entre muchos fines perseguía con ello desmoralizar al anterior gobierno español. Así, la administración provisional le encargó proyectar al reconocido ingeniero Samuel Gray un sistema de cloacas que mejorara este servicio en la capital que, según sus cálculos, poseía entonces de 600 000 habitantes.

Lo primero fue definir que las aguas no se llevarían a la bahía por su condición de bolsa, si no al océano Atlántico, y por otro lado, proyectar sistemas separados de cloacas y drenes para evitar que se desviara su curso hacia el puerto. Las obras fueron subastadas el 23 de octubre de 1901 y la ganó Mac Givney & Rokeby, quien ofreció construir el alcantarillado y la pavimentación en 10, 6 millones de pesos. El gobierno de Estrada Palma, probablemente por falta de recursos y créditos para realizarlo, no hizo nada, fue la Segunda Intervención la que inició la obra los trabajos que comenzaron en 1908, el sistema de cloacas comprendió una línea llamada Marginal del Norte, que colecciona todos los albañales al norte de las calles Reina y Carlos III. Comienza en la calle Línea la del Vedado y sigue por San Lázaro, Trocadero, Tejadillo, Aguiar, O`Reilly, hasta la Plaza de Armas, donde se une con la Marginal del Sur, que acopia los albañales del resto de la ciudad. Esta segunda línea recorre la calle Oficios, Paula, Puerta Cerrada hasta Carmen donde se divide en dos líneas: una va por el Matadero hasta Infanta y recoge la barriada del Cerro y otra va al este de la Calzada de Cristina, se dirige a Agua Dulce, y se vuelve a subdividir en dos ramas, una irá por Concha hasta la Víbora y la otra sigue hasta Jesús del Monte.

El subsuelo marcó la complejidad de las obras, por ser esencialmente de calizas cavernosas las que, después de 2 m, hacían que se inundaran las zanjas por debajo del nivel del mar. En la calle Tejadillo, por ejemplo, la profundidad de la zanja fue de 8 m y la de Paula llegó hasta 10, y aunque se apuntalaron los edificios, todos se rajaron. Explica Toraya en su trabajo que las casas que sufrieron daños por las obras fueron reparadas por los contratistas, quienes antes de comenzar a trabajar en cada cuadra, visitaban casa por casa con un inspector del Gobierno y hacían un levantamiento del estado en que se encontraba el inmueble, con ello evitarán reclamaciones a costa del sifón.




La generalidad de las obras se hizo de manera artesanal. El sistema llamado “Telpher” (Teleférico) fue la única mecanización que se empleó. Constaba de armazones de acero en forma de “A” que montadas sobre las zanjas levantaban un riel por el que corría una grúa eléctrica móvil que servía para trasladar el material de la excavación y los tubos. Estos eran de barro vitrificado en diámetros hasta 38 cm y los mayores eran de hormigón. Las aguas albañales de las marginales Norte y Sur, vertían a una cámara de sedimentación y coladores cerca de la Plaza de Armas, en el antiguo muelle de Caballería. Desde un túnel sifón, construido bajo la bahía, de 2.13 m de diámetro y 375 de largo, se pasaban todos los albañales de la ciudad a una cámara de succión emplazada al otro lado de la bahía, en Casa Blanca. De allí, por bombas centrífugas, se elevaban a la altura de la Cabaña, desde donde por gravedad, a través de una tubería de hierro fundido de 1.52 m de diámetro, se derramaba a 147 m de la costa, a una profundidad de 11 m. Al desaguar en la llamada Playa del Chivo, tiene una sección de 9.75 m de ancho por 2. 82 m, y sobre él se construyó una calle de 20 m de ancho. Nota: Otros emisarios en La Habana.

El 1 de mayo de 1911 comenzó el túnel sifón y concluyó el 19 de abril de 1912, tiempo en el que se trabajó tres turnos a 8 horas todos los días. Cuando las obras concluyeron el 30 de junio de 1915, se habían ejecutado 294 km de cloacas y 150 km de drenes, con un costo total de 9,8 millones de pesos. Aunque parte de sus instalaciones han afeado por décadas el hermoso entorno de la Plaza de Armas, el sifón bajo la bahía merece el reconocimiento de la gran obra ingeniera que fue y sigue siendo por su magnitud, complejidad, rapidez de ejecución y utilidad hasta nuestros días.

Por: Yamira Rodríguez Marcano(2009/08/28)
Tomado de Habana Radio
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