LA TOMA DE LA GRAN CIUDAD BLANCA (II)

Casa del Vedado

El Vedado fue una urbanización de vanguardia, la mejor y mayor pieza del urbanismo español colonial en Cuba, con calles anchas y rectas que por primera vez estuvieron bordeadas con árboles, viviendas retranqueadas tras una franja de jardín y portal frontal, y también separadas entre sí; teniendo además la ventaja de la cercanía al mar y sus frescas brisas. El inicio de esta urbanización a partir de 1859 con el barrio de El Carmelo contribuyó a la decadencia de El Cerro, si bien las guerras de Independencia paralizaron la construcción de viviendas. Comenzando el siglo XX se produjo una impresionante explosión, detonado por el asentamiento en la zona de oficiales veteranos del Ejército Libertador que aprovecharon la paga recibida al licenciarse, inmediatamente seguida por los altos precios del azúcar a raíz de la Primera Guerra Mundial: el período de las Vacas Gordas.



A pesar de su imagen elegante, El Vedado fue un barrio socialmente mezclado casi desde sus propios inicios. Allí convivían las grandes familias del antiguo patriciado, asociadas por matrimonio con burgueses adinerados; inmigrantes y políticos enriquecidos, profesionales, empleados públicos, obreros y hasta marginales. Excepto estos dos últimos sectores, era una población blanca, con las fronteras siempre dudosas en esta parte del mundo entre el blanco-blanco y el mestizo claro de pelo bueno… Los pobres, generalmente no-blancos, servían en las casas de los ricos o habitaban en ciudadelas enmascaradas tras fachadas con órdenes clásicos. Pero la imagen que proyectaban hacia la calle las ornamentadas fachadas principales, con su portal y jardín frontales, cerca baja transparente y locales de servicio al fondo-- estaba dictada por la clase alta, al igual que las pautas de uso de los espacios públicos, acatadas por todos. Eso no obedecía solo a la voluntad de imponer los valores de la cultura blanca oficial, clasista y racista; sino al interés personal de los dueños de las propiedades, interesados en que no se devaluaran.




A partir de los 1930s, tras el derrocamiento del dictador Machado, esa oligarquía criolla blanca perdería el poder político directo, que pasó a manos de políticos populistas tan corruptos como los anteriores; y los modelos culturales imperantes cambiaron de París a Nueva York. Sin embargo, la gran masa construida de La Habana no fue determinada por la alta burguesía sino por una extensísima clase media baja que reclamaba una vivienda decorosa, aún cuando debiera pagar por ella en alquiler la mitad de su ingreso mensual.

Esa clase incluía a decenas de miles de pequeños comerciantes ubicados en casi todas las esquinas de la cuadrícula y en tiras continuas de tiendas a lo largo de las calzadas porticadas. Ellos habitaban en barrios completos con versiones comprimidas de las viviendas de la clase alta, orgullosos de hacer evidente su condición de no-proletarios, y también de blancos. Esta última condición operaba aún en la servidumbre, como se evidenciaba en anuncios clasificados donde se ofrecía cocinera española, para dejar claro que era blanca.

Por: Mario Coyula Cowley (2ªParte)
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