LA TOMA DE LA GRAN CIUDAD BLANCA (III)

Con las primeras medidas revolucionarias de 1959-61 se produjo un éxodo masivo de la clase alta y gran parte de los sectores medios urbanos, prácticamente blancos en su totalidad. Las propiedades abandonadas por sus dueños fueron tomadas por el Estado y usadas como oficinas, viviendas, escuelas y dormitorios de estudiantes provenientes de zonas rurales apartadas. Barrios elegantes completos del oeste como Miramar, Country Club (con su nombre cambiado a Cubanacán), Biltmore (Siboney), o Nuevo Biltmore (Atabey) se llenaron con filas de niños escolares uniformados marchando, con piel más oscura que los inquilinos anteriores, atendidos por tías todavía más oscuras. Muchas de ellas terminaron por quedarse a vivir clandestinamente en las casas que inicialmente fueron tomadas como dormitorios o escuelas, las cuales se habían ido vaciando de escolares en la medida en que se fueron construyendo instalaciones ad hoc.



Eso dio lugar a un curioso patrón, con mansiones vacías o ya ocupadas por personas o firmas extranjeras, conviviendo con inquilinos clandestinos que generalmente habitaban los antiguos locales de garaje y servidumbre, al fondo. Una vista superior de mostraría una curiosa concentración en forma de mancha formada por adiciones precarias densas al centro de la manzana, donde los fondos de parcelas se tocan; mientras al exterior se mantenía precariamente la imagen anterior burguesa. Esa mancha, si tuviera color, sería más oscura. Otras viviendas menores y apartamentos fueron entregados a familias necesitadas, lo que favoreció una mayor mezcla social; sobre todo cuando la Ley General de la Vivienda permitió a los inquilinos hacerse dueños de la vivienda que ocupaban a través del pago mensual del alquiler, rebajado desde 1960 a la mitad.

Cerca del 87% de los núcleos familiares en La Habana son ya propietarios de sus viviendas, pero sin tener los medios para mantenerlas. La prohibición de vender o comprar viviendas trajo paradójicamente como consecuencia que la población quedase anclada al lugar donde vivía o vivían sus padres al momento de le Ley. Aquellos afortunados que estaban en una buena vivienda y un buen barrio se hicieron propietarios de un bien codiciable, pero no vendible; mientras que los que tuvieron la mala suerte de habitar en ese momento viviendas infraestándar permanecieron atados a ellas, aunque en los casos de peor calidad quedaron exentos de pagar alquiler. Como la vivienda había estado asociada a raza, eso tendió a mantener a negros y mestizos en los barrios y viviendas más pobres.

Aprovechando la posibilidad de hacer permutas y sorteando infinitas restricciones, algunas personas con mayores ingresos han podido moverse hacia antiguos barrios elegantes, generalmente ofreciendo dinero a la otra parte por debajo de la mesa. Ese fenómeno, incrementado tras la crisis económica de los años 1990s que siguió al derrumbe del Socialismo Real y que recibió el críptico nombre de período especial, podría reforzar las desigualdades territoriales que ya existían entre la franja norte costera de la ciudad, tradicionalmente más rica --por donde ahora se mueven los visitantes y tras ellos la moneda dura-- con La Habana del Sur, la del cubano a pie. Los antiguos barrios elegantes son más accesibles y atractivos para los extranjeros que buscan alquilar habitaciones. Como consecuencia, esas viviendas han mejorado ostensiblemente su calificación visual por la acción directa de sus dueños, que cuidan la imagen de su negocio. En algunos casos, ese cambio empieza a irradiar hacia los vecinos.

Una de las principales fuentes de ingreso en el país son las remesas enviadas por cubanos que emigraron, principalmente a los Estados Unidos, a sus familiares que quedaron atrás. Esos emigrantes eran en su gran mayoría blancos, y por lo tanto sus parientes que reciben ayuda en la Isla son también blancos. Sin embargo, una parte de ese dinero se redistribuye pagando trabajos y servicios por cuenta propia, y de esa manera alcanzan a trabajadores manuales de distintos oficios, a menudo con piel más oscura. Esa redistribución incluye una red extendida de suministros clandestinos a través del mercado negro.

Por: Mario Coyula Cowley (3ªParte)
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