PEDRO MARTÍNEZ INCLÁN, PRIMER URBANISTA CUBANO (III)


Estos antecedentes eran conocidos por Pedro Martínez Inclán quien, a su regreso de Europa, decide escribir un libro que resuma lo realizado hasta entonces en La Habana, defina sus características específicas e indique las perspectivas futuras de su desarrollo: La Habana actual. Estudio de la capital de Cuba desde el punto de vista de la arquitectura de ciudades, constituye el único texto escrito en la República que analiza todos los aspectos formales, funcionales, técnicos, sociales, económicos y estéticos de la capital . Él percibía su importancia estratégica en el Caribe ante el incipiente desarrollo del turismo y la fuerte personalidad de su paisaje, al decir:

“La Habana debiera ser, las Canarias de América para el aprovisionamiento de los buques y la Niza de América para todos los pueblos del Norte y aún para los del Sur. El puerto más seguro y mejor equipado del mundo. La ciudad de los jardines y de las flores con el frente de agua más bello de América.” .

Martínez Inclán veía con tristeza y angustia las oportunidades que se estaban perdiendo ante el descontrol y la arbitrariedad del crecimiento acelerado de la ciudad que en treinta años duplicó su población: en 1930, ya contaba con seiscientos mil habitantes . Percibía el deterioro del centro histórico, progresivamente ocupado por los almacenes del puerto, y los solares y cuarterías instalados dentro de las viejas casonas abandonadas; verificaba la total carencia de iniciativa del Estado en cuanto a la compra de terrenos para asegurar los futuros espacios públicos de la ciudad denunciando las maniobras especulativas que elevaban artificialmente los precios de la tierra. Esto ocurrió en la Loma de los Catalanes, espacio previsto para el futuro centro y parque urbano; o en los alrededores de la Colina Universitaria, cuyos terrenos libres hubieran permitido construir un conjunto docente de escala similar a los existentes en otras ciudades del mundo.
Era sensible a la precaria situación de la clase trabajadora -ya en aquel entonces cien mil personas sin recursos habitaban en ciudadelas -, a la carencia de mínimas normas de higiene, a la inexistencia de un regular abastecimiento de agua, a la necesidad imperiosa de viviendas económicas. Es el primero que propone incentivar la construcción de casas obreras por los industriales, con facilidades impositivas, y la creación de ciudades satélites: idea fragmentariamente aplicada por el dictador Gerardo Machado al construir el reparto Ludgardita (1929) alrededor dé las fábricas situadas en los terrenos de su propiedad en Rancho Boyeros . Por último, describía la belleza natural del paisaje habanero y las características de su vegetación proponiendo la creación de grandes espacios verdes, indispensables para una urbe tropical.

Martínez Inclán concibe la ciudad como un artefacto arquitectónico -identificada con la postura enunciada por Camillo Sifle-, resumen material de las diversas manifestaciones artísticas:

“El arte del Urbanismo que comprende a todas las otras - Arquitectura, Escultura y Pintura Decorativas y Monumentales, y el Arte de los Jardines-, se propone ser la gran corriente que debe extender a todo el mundo, los adelantos conseguidos en diversos puntos del globo.”

De allí la latitud de su problemática pedagógica, basada en un enfoque humanista y cultural, que concebía la ciudad como la representación dilatada del universo simbólico creado por el hombre. La cátedra ‘M’ de la Facultad de Arquitectura que él dirigía, estaba compuesta por las siguientes asignaturas: ornamento y decoración, historia la pintura y la escultura, arquitectura de ciudades .

Todavía no se habían agudizado los problemas técnicos inherentes al crecimiento acelerado de las metrópolis modernas, persistiendo el enfoque de la forma urbana en términos de “arte cívico” o desde las iniciativas tomadas, por las comisiones de “ornato público” que existían en casi todas las ciudades del continente . Su análisis de La Habana finaliza con cuarenta y siete puntos propuestos para mejorar la ciudad y un Plan Maestro de veintiséis vías, antecedente del Plan Director realizado a partir de 1925 por J. C. N. Forestier .


Quien supuestamente debía asumir la dirección de los proyectos urbanísticos de la capital fue relegado ante la iniciativa de Carlos Miguel de Céspedes, Ministro de Obras Públicas del gobierno del general Gerardo Machado, solicitando al Ministro de Bellas Artes de Francia una orientación sobre “la preparación de una Habana del futuro” . Este pedido culmina con la llegada del urbanista parisino J.C.N. Forestier con un equipo de profesionales galos integrados, luego, con algunos arquitectos locales . No existen testimonios de la supuesta amargura que seguramente produjo el ver casi copiada su propuesta por Forestier -quien no se caracterizaba por la originalidad de sus proyectos urbanos - tanto en el trazado del sistema vial, como en la definitiva localización del nuevo centro de la ciudad en la Loma de los Catalanes. Por el contrario, en los artículos publicados posteriormente para defender la paternidad de su idea, asume siempre un tono modesto y reservado sin entrar en contradictorias polémicas con el equipo del Plan Director .


Escuela de Ciencias. Fotos de Ana Rivero y Asiel Gustavo

En la década del treinta, período de fuertes convulsiones políticas y económicas en Cuba, se refugia en la Universidad y participa en el plan de construcciones impulsado por los rectores José Cadenas y Clemente Inclán, en colaboración con Raoul Otero . Allí culminará su etapa “clásica” al proyectar la configuración de la plaza central y los tres edificios mas significativos de la Colina -quizás con excepción de La Biblioteca Central de Joaquín E. Weiss -, las Escuelas de Ciencias (1939) - actual Facultad de Matemáticas - , Ciencias Comerciales y de Farmacia (1940). Su diseño expresa no sólo el dominio riguroso de los órdenes grecorromanos, sino la importancia asignada al vínculo entre arquitectura y contexto urbano: mientras la Escuela de Ciencias recrea un segundo patio interior “verde” de profundas sombras frente a la plaza, filtrado por la columnata del acceso principal, los dos edificios restantes constituyen la fachada monumental de la colina que mira hacia la ciudad. El conjunto reafirma los valores eternos de la cultura social y su ancestro, proveniente de la Acrópolis ateniense, símbolo del saber universal, la razón humana y el estado democrático.



Facultades de Ciencias Comerciales (en primer plano) y Farmacia, flanqueando la escalinata de la Universidad. Fotos Hans Harting y Hans Sterkendries

Por: Roberto Segre 3ª Parte. Ver aquí la 1ª Parte - 2ª Parte

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