Conservatorio de Música Alejandro García Caturla

Por Ada Portero

La escuela de música Alejandro García Caturla, a la memoria de este gran músico y profesional cubano se dedicó el Conservatorio donde se han formado muchas glorias de la música cubana. Construida en la década de los años sesenta, está ubicada en la Avenida 31, No. 7629, en Marianao fue proyectada por el arquitecto Alberto Robaina y es, sin dudas, un buen ejemplo de la arquitectura de los años sesenta.






LA ESCUELA CATURLA EN EL MOVIMIENTO MODERNO CUBANO

Según Mario Coyula Cowley, la arquitectura del movimiento moderno en Cuba desarrollada durante la década del sesenta fue ,”…parte de un período muy fructífero pero no suficientemente destacado en la arquitectura cubana del siglo XX (…) donde “…continuó dominando la estética arquitectónica del Movimiento Moderno, que ya en la década anterior había dejado muchos buenos ejemplos, con una asimilación generalmente bien digerida de influencias internacionales y propias…” Y después agrega: Toda esa búsqueda coexistió con tecnologías convencionales como el hormigonado in situ; y el uso del hormigón y el ladrillo a vista. Ese culto a la expresión de la estructura y los materiales rústicos aparentes correspondía a una estética brutalista que se superpuso a la del Movimiento Moderno, sin oponérsele. Y dentro de las muchas obras que se destacan por “…su justa combinación de fuerza, sobriedad y sensibilidad hacia la escala urbana…” incluye al conservatorio Caturla, en Marianao.

Conjunto integrado por dos bloques independientes relacionados por jardines. El primero, directamente vinculado con la Avenida 31, contiene el acceso principal, las oficinas, el comedor, y las aulas especializadas, mientras que en el segundo, retirado hacia el interior del terreno, se ubicaron la biblioteca, el resto de las aulas, las cabinas musicales y un teatro para 284 espectadores. La acentuada horizontalidad de las edificaciones, terminadas por ladrillo a vista y rematadas por viguetas y bovedillas o por losas planas, se compensa con el uso de puntales generosos y colocación de ventanas voladas que marcan un ritmo vertical en las fachadas de mayor jerarquía. El acceso a los diversos locales se enfatiza con celosías de madera y vidrios de colores como complemento de la carpintería.



El conservatorio tiene un teatro, un amplio patio y jardines con una fuente. El comedor con más de diez amplias ventanas de persianería francesa que favorecen la ventilación en cualquier momento del día y del año, demuestra la voluntad de adaptación a las condiciones climáticas. El edificio tiene dos partes, un área donde se encuentran el amplio jardín de acceso, la recepción, dirección, varias aulas, administración, baños, y un espacio amplio a modo de patio bajo techo que, a partir de él, se separa por una escalinata de apenas doce escalones de la otra parte de la edificación donde se encuentra la zona de biblioteca, aulas teatro y patio que bordea toda la construcción protegida por un muro perimetral también de ladrillo a vista, con una fuente en el centro que alguna vez funcionó.


Allí, a finales de los años sesenta se estudiaban los contenidos correspondientes a la primaria, desde tercer grado, y secundaria (de séptimo a décimo) en las mañanas y música en las tardes; actualmente se combinan los estudios de igual forma. La escuela de Artes Plásticas de San Alejandro, ubicada en el obelisco de Marianao enviaba a sus estudiantes de esos niveles a Caturla para que recibieran en las mañana su preparación básica y después de almorzar, todos juntos (estudiantes de música y pintura), en el comedor de Caturla, los estudiantes regresaban a su escuela para comenzar las clases de la especialidad a partir de la una de la tarde.

Alejandro García Caturla es una de las escuelas donde se formaban y forman los estudiantes hasta nivel medio. Posteriormente se pasa a otras escuelas de música que en los años sesenta y setenta tenían niveles superiores como Amadeo Roldán y la Escuela Nacional de Arte (ENA). Pero no fue hasta que se fundó el ISA, en el año 1977, que realmente constituyeron o se consideraron los estudios de música con niveles universitarios.

Era una escuela compleja por sus características, más que por la cantidad de estudiantes. Cada grado tenía entre quince a veinte estudiantes, creo que en toda la escuela no pasaba la matrícula general de 150 estudiantes en aquella época entre 1968 y 1975. Todos estudiábamos los instrumentos que se podían en los jardines de la escuela o en cualquiera de sus amenos y funcionales espacios. Era un sitio tranquilo, con las dimensiones exactas para cada función, locales que tienen una solución de iluminación y ventilación naturales adecuadas. Para todos los estudiantes constituía un espacio adecuado por lo que se identificaban con él, un destino envidiable para cualquier arquitectura.

La Habana, junio 2006. Arquitectura y Urbanismo, Vol. XXVIII, No. 1/2007



Dos ultimas fotos Walter Lopez del grupo de Caturla en facebook


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