Centro Promotor de la Arquitectura Moderna y Contemporánea, el Urbanismo y el Diseño Interior


Por Isachi Fernández

La Casa Verde es a partir de ahora el Centro Promotor de la Arquitectura Moderna y Contemporánea, el Urbanismo y el Diseño Interior.

Mandada a construir por Armando de Armas, quien fue mayordomo en el Palacio Presidencial durante el gobierno de Mario García Menocal (1913-1921), la residencia lleva el sello del arquitecto cubano José Luis Echarte, el mismo que concibió el Anfiteatro de La Habana y el edificio que hoy acoge al Ministerio de la Industria Básica. En 1943, como un regalo paterno, pasó a manos de la veinteañera Luisa Rodríguez Faxas, quien la ocupó durante 60 años: primero con su esposo, el oftalmólogo Pedro Hechavarría, y los hijos de ambos; luego, disuelto el matrimonio y radicada su descendencia fuera del país, la dueña permaneció en el vetusto caserón sola, sin recursos para detener su decadencia, hasta que falleció en 2003.

En declaraciones a Habana Patrimonial, la ingeniera Concepción Gutiérrez, directora de la naciente institución cultural, ofreció precisiones sobre la mansión:

―Siempre llamó mucho la atención: está a la entrada de Miramar, tiene su puerta elevada antecedida por una escalinata, las tejas con mucha inclinación, propia de países fríos, y además saltaba a la vista el deterioro durante los últimos años. Se sabe que su propietaria vendió en las décadas de los 60, 70 y 80 casi todo lo que contenía. Hay un libro del fotógrafo Robert Polidori que exhibe imágenes en las cuales se aprecia el lamentable estado de la otrora opulenta construcción y la carencia ya de muebles, adornos, cuadros… En esas estampas aparece un piano y es uno de los detalles que respetamos en el diseño de la sala.

»Hicimos una casa con un mobiliario de hoy, pero mirando al pasado. ¿Cómo?, con elementos puntuales que se reprodujeron en mayor o menor medida. Las imágenes de antaño sirvieron de inspiración para las piezas actuales. Se rescató el jardín con la huella que dejó en Quinta Avenida la jardinería francesa, e incluye un considerable número de obras artísticas y un espejo de agua, además de que la reja permite que los jardines interiores dialoguen con los exteriores.
»Desde 2005 se trabajó en la restauración y próximamente abrirá la casa con visitas diarias de hasta 15 personas, en las cuales se explicarán las características del inmueble y las perspectivas de este centro. Asimismo, se ofrecerán conferencias de especialistas y coloquios sobre arquitectura, urbanismo y diseño de interiores.

Por su parte, el arquitecto Abiel San Miguel, especialista principal del grupo inversionista, comentó a Habana Patrimonial:

―La casa tenía un deterioro avanzado; durante alrededor de 40 años no se le hizo ninguna intervención, y se destacaba fundamentalmente la ausencia de la cubierta. Se habían perdido muchos de sus elementos decorativos y tenía en muy mal estado los entresuelos, con un sistema de reventilación a través de tuberías por debajo del techo del ático para mantener frescas las losas. Al perderse la cubierta eso funcionó como bajante pluvial, se llenaron de agua las bovedillas de la placa y la ruina se hizo mucho mayor. A pesar de ello, aún podían rescatarse elementos de los cuales partió el equipo de la Oficina del Historiador para acometer el trabajo.


»Los proyectos de restauración no se ejecutan al pie de la letra: a medida que se va trabajando, se enriquecen. En el caso de la cubierta, por ejemplo, no se levantó entera para armarla de nuevo como era, sino que fuimos haciéndolo por partes. Solamente pudieron salvarse algunos elementos como durmientes y caballetes, y en general tuvimos que cambiar casi todas las vigas, toda la tablazón y las tejas. Es una casa que está muy cerca del mar y el salitre ya había hecho su efecto sobre las propias tejas. El cono, por citar un caso, tiene como 26 tipos de tejas diferentes.

»Quisimos que la casa no se convirtiera en un museo, que funcionara, pero que también pudiera mostrar el esplendor de las mansiones habaneras de esa época, como si nunca hubiera muerto, como si hubiera evolucionado.

»Respetamos los espacios, aunque hicimos algunos cambios en virtud del uso: ampliamos el portal hacia la parte de atrás, colocamos una cubierta ligera y convertimos dos ventanas de la sala en puertas para lograr la conexión sala-terraza-patio, entre otras modificaciones.

»Hay elementos viejos, como algunos muebles donados a la Oficina que pertenecieron al compositor y pedagogo cubano Harold Gramatges y que se vincularon con otros creados para la casa. En la planta alta había habitaciones que se comunicaban por dentro, pero como queríamos ofrecer la posibilidad de hospedaje, decidimos optar por la independencia de los dormitorios y crear una sala más privada. Se cuenta, además, con servicios de internet, televisión por cable, teléfono… En el ático eliminamos las divisiones pequeñas para las habitaciones de criados e hicimos un salón de conferencias, una sala de estar y en el cono una sala de navegación.
En cuanto a los artistas, se les llevó a la casa, se les enseñó el espacio y ellos proyectaron sus piezas a partir de las dimensiones necesarias y el ambiente al que se iban a integrar.

»La actual “casa verde” es una obra que todo el mundo quiere conocer y los constructores que intervinieron en su renacimiento se sienten orgullosos de ella.

Publicada: 06/09/2010
Dirección de Patrimonio Cultural



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