Pabellón cubano en la Expo de París en 1900




Durante el período de intervención estadounidense en la Isla (1898-1902), se realizaron obras importantes fuera de Cuba, las que, con gran carga expresiva, representaron al país en dos escenarios significativos: Francia y Estados Unidos. Estas obras fueron los pabellones para la Exposición de París, en 1900 y para la Exposición Panamericana de Búfalo, en 1901.



El pabellón en París fue construido por el mismo arquitecto que levantó el norteamericano, en estilo renacimiento español y decorado con pinturas de Armando Menocal, quien fue designado como miembro del Jurado Americano, representando el departamento de Cuba en la Sección de Bellas Artes de la muestra parisina. Así lo reflejaba, en junio de ese año, la Revista El Hogar.

La Exposición Universal de París de 1900 se realizó entre abril y noviembre. El gran certamen pretendía celebrar el fin del siglo XIX, un siglo que los franceses consideraban francés por excelencia. Las Exposiciones de París acreditaban el liderazgo cultural que Francia irradiaba al mundo en la segunda mitad del siglo XIX. Se fueron incorporando expresiones del arte y las artes aplicadas de cada nación participante para hacer más reales los recorridos. Era el lugar al que deseaban llegar los artistas, intelectuales, industriales y comerciantes de todo el orbe. En una extensión de ciento veinte hectáreas se instalaron los pabellones de Austria, Cuba, China, Estados Unidos, Gran Bretaña, Hungría, Luxemburgo, México, Perú, Turquía, entre las cincuenta y ocho naciones del evento. Cada uno se construía in situ y, al cabo de la Exposición, se desmontaba para llevarse a su país o se destruía.



El Fígaro, premiado con “Gran Diploma de Honor” en la Exposición…, dedicó largas crónicas a este evento, llegando a tener su propio corresponsal como lo fue Miguel Eduardo Pardo, quien para dicha revista, desde Paris escribió en mayo de 1900: “Esto no es una Exposición sencillamente: esto es un pueblo inmerso de palacios, de monumentos, de panoramas originales; un pueblo de estatuas; un pueblo de prodigios de arquitecturas; un pueblo fantástico, atrevido, magnífico; un pueblo que no había soñado aún el extranjero: jardines, fuentes, columnas, áureas cúpulas, torrecillas, muros primorosos, teatros, restaurants, parterres elegantísimos, todo soberbio, todo admirable, todo sugestivo y tentador”. Esta fue la visión de un cubano en París, más, la de los que en la Isla permanecieron no escapó del asombro y la curiosidad ante tamaño evento. Así, aquellos que en sus tardes de ocio entraban a cualquier club, lo hacían para leer revistas “…o hacerse la boca agua examinando los periódicos que traen láminas del gran certamen de París”, como lo manifestaba El Hogar en ese mismo año.


Fotos de la Exposición de París en 1900. El Fígaro, Agosto 19, 1900.
Vista exterior e interior de la Sección de Cuba en el Palacio del Trocadero. Muestra de azúcares y kiosco de tabacos.
Por: Yamira Rodríguez Marcano. Tomado de Habana Radio





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