Hoy en "Hablando de Espacio": LA HABANA Y LOS PORTALES

Desde uno de los portales de la Plaza Vieja, La Habana. Foto: ThoiryK

Hoy en Hablando de espacio, el programa sobre arquitectura y urbanismo, que se transmite por la emisora Habana Radio, desde las 10:00am hasta la 1:00pm, estará como invitado: Jorge Luis Marrero Bobadilla, Arquitecto. Profesor de la Facultad de Artes y Letras Universidad de La Habana y hablará sobre el “portal habanero”

La dicha isla de Cuba es, como dije, muy montuosa, que cuasi se puede andar 300 leguas por debajo de los árboles, éstos son diversos como los desta Española, y entre otros hay muy hermosos cedros, odoríferos y colorados, gruesos, como gruesos bueyes, de que hacían grandes canoas los indios, que cabían 50 y 70 hombres, para navegar por mar, y déstos era Cuba muy rica en su tiempo y abundante. ([1])


El sol y la lluvia fueron temas de preocupación desde los primeros trazados urbanísticos en nuestras ciudades, La Habana de intramuros es un vivo ejemplo con su engañoso mal trazado y estrechez de sus calles, sencillamente pretendían, y logran, las sombras protectoras de ese sofocante sol nuestro, pero no es hasta el siglo XIX, con el desarrollo urbanístico de la ciudad, que se tomará en consideración el poder andar grandes distancias protegidos a la sombra, aunque en este caso no de árboles, pues la tala indiscriminada fundamentalmente en las zonas de asentamientos poblacionales o próximas a los mismos lo hace imposible, la variante fue el portal público, elemento arquitectónico y por qué no, urbanístico, que todas las edificaciones levantadas en las calzadas de extramuros debían tener en las fachadas que tributaran a estas, ordenanza del siglo XIX de estricto cumplimiento, ya sea para edificaciones que en planta baja tuviera comercio o vivienda ([2]).

Las galerías de columnatas alrededor de un patio interior, presentes en las viviendas de la ciudad de intramuros, hacen su aparición en el exterior de las mismas en el siglo XVIII, pero sólo en los perímetros de las plazas (de Armas, Vieja, Catedral y del Cristo), mas tarde, ya en el siglo XIX en el área extramural, se levanta un edificio para mercado (Tacón), siendo este el primer mercado construido en albañilería que se erigió en La Habana (1836), con galerías cubiertas y sostenidas por columnas de piedras en todo su perímetro, mercado desaparecido en un incendio y vuelto a construir respetando los portales perimetrales ([3]). Su emplazamiento en la esquina formada por las calzadas de Reina y Galeano lo convierten en un punto de convergencia de dos vías que encierran una entrañable referencia para los habaneros, calzadas por demás, que han llegado hasta nuestros días conservando (aunque en estado deplorable) los portales por donde la población habanera o de la Isla, ha transitado protegiéndose del sol o la lluvia durante más de un siglo.

Si observamos el desarrollo urbanístico de La Habana cuando se desborda de los límites de las murallas, poblándose a lo largo del trazado de esos primeros caminos vecinales (Reina, Monte, Cerro y Jesús del Monte), así como en el mismo Reparto de las Murallas (Monserrate, Egido, Zulueta) y el Paseo del Prado, veremos que estos llegan a convertirse en verdaderas calzadas aportaladas a ambos lados de la senda con sus interminables galerías, secuenciadas de columnas del más variado estilo, que en su unidad recrean ese eclecticismo que define a nuestra ciudad. Este formato de aportalamiento se multiplico en las posteriores calzadas de Infanta, Belascoaín y las prolongaciones del Cerro hasta Marianao, y Jesús del Monte, más allá de la Víbora, además ya en el período de la primera intervención norteamericana (1898-1902) con el primer tramo del malecón habanero, llevado hasta la calle Lealtad (2), las fachadas de las edificaciones a lo largo de este, tienen igual solución de portales.

En las primeras décadas del siglo XX el tejido urbano de la ciudad se expande desde el perímetro de La Habana Vieja a los barrios contiguos con una dosis de esta tipología constructiva como tema subdominante que podemos apreciar todavía en barrios como El Vedado, La Víbora, Lawton, Santo Suarez, Marianao, La Lisa y otros. La Habana es un claro ejemplo del principio que establece un centro primario de la ciudad y un sistema de subcentros, los cuales recuerdan el centro dominante. El sentido de pertenencia de los ciudadanos, su identificación con los portales de Centro Habana es una expresión total de la vida civil de su ciudad, y con su diario convivir, centrada alrededor de los portales locales, ya sean de bodegas, farmacias o comercios de cualquier tipo, él siente una total abstracción de la magnificencia cívica en su propio barrio o inversamente, como se identifica con el espacio aportalado íntimo, siendo capaz de moverse desde su experiencia personal a una identificación con la vida común de la ciudad como un todo.

Evidentemente estos espacios de la ciudad que nos permiten definirla como un ente flexible, dinámico y cambiante con espacios intermedios de esas zonas intersticiales que actúan como elementos articuladores de la arquitectura de la ciudad y que, por su propia condición de espacios transitivos y ambiguos, contribuyen a hacer del fenómeno urbano un asunto complejo y siempre cuestionable, lugares que, como los pasajes, pasillos, portales, etc., se mueven a medias entre lo privado y lo público, lo cerrado y lo abierto, lo interior y lo exterior, la casa y la ciudad, es quizás el portal el que plantee un mayor grado de complejidad, desde el momento en que lo ambivalente de su naturaleza _tanto arquitectónica como urbanística_, conlleva la aparición de un espacio cargado de implicaciones funcionales y significativas.

Angustiosamente la situación actual de la peligrosa pérdida de estos espacios en La Habana, ya sea por deterioro producto del tiempo, ausencia de mantenimiento o las indiscriminadas agresiones por modificaciones de todo tipo, nos alarman que desaparezcan de la ciudad, su singularidad y extensión los hacen ser un elemento muy característico de la arquitectura y el urbanismo vernáculo nuestro, pues como refiriera Alejo Carpentier _Cuba no es barroca como México, como Quito, como Lima… Pero Cuba, por suerte, fue mestiza -como México o el Alto Perú. Y como todo mestizaje, por proceso de simbiosis, de adición, de mezcla, engendra un barroquismo, el barroquismo cubano consistió en acumular, coleccionar, multiplicar columnas y columnatas en tal demasía de dóricos y de corintios, de jónicos y de compuestos, que acabó el transeúnte por olvidar que vivía entre columnas, que era acompañado por columnas, que era vigilado por columnas que le medían el tronco y lo protegían del sol y de la lluvia, y hasta que era velado por columnas en las noches de sus sueños_([4])

Por: Jorge Luis Marrero Bobadilla, arquitecto.
Profesor de la Facultad de Artes y Letras
Universidad de La Habana

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[1] Bartolomé de las Casas, Crónicas.
[2] Arquitectura y Urbanismo en la República de Cuba (1902-1958), Nicolás Quintana.
[3] La Arquitectura Colonial Cubana, Joaquín Weiss.
[4] La Ciudad de las Columnas, Alejo Carpentier.
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