La conservación del patrimonio cafetalero en el sudeste de Cuba


Cafetal "La Isabelica". Foto Cuba Tom

En la Sierra de La Gran Piedra ubicada al este de la Ciudad de Santiago de Cuba, a sólo 24 km., se erigen los restos del cafetal La Isabelica. En un plano topográfico de tenencias de tierras de 1838, perteneciente al comerciante Prudencio Casamayor, aparecen registradas las de dicha hacienda a nombre de Constantín, apellido de su propietario, Víctor Constantin, de quien cuenta una leyenda, trajo consigo a una esclava haitiana llamada Isabel María con la que vivió en La Isabelica un romance que les duró la vida.

La famosa hacienda agroindustrial poseía a inicios del siglo XIX una extensión de 12 caballerías de tierra que fueron empleadas por Constantín para el cultivo de café, producción de tubérculos, vegetales y cría de animales. Su conjunto estaba integrado por todo un sistema formado por la casa almacén, secaderos, casas de esclavos, establo, calabozo - enfermería, moulín o tahona, horno de cal, letrina, cisterna de agua, cantera de cal y arena, sentrú y toda una red de calzadas, caminos y rampas. Actualmente allí se encuentra el Museo La Isabelica, destinado a preservar los vestigios de esta cultura cafetalera.

Cafetal La Isabelica. Foto:sjaak van duivenvoor

Como consecuencia del acelerado proceso de implantación cafetalera, con la inmigración de colonos franceses desde "Saint-Domingue"durante el último decenio del siglo XVIII y comienzos del xix d.C., el territorio montañoso próximo a Santiago de Cuba sufrió transformaciones definitivas en cuanto a la distribución y aprovechamiento de los terrenos disponibles para la agricultura.

Esta empresa, reflejo de una acertada simbiosis entre naturaleza y cultura, es reconocida por la unesco al incluirse en la Lista del Patrimonio Mundial como paisaje arqueológico por sus valores excepcionales. La propuesta de conservación del bien patrimonial parte de considerar una estrategia de desarrollo sostenible del territorio diseñada en el Plan de Manejo Integral del Paisaje Arqueológico de las Primeras Plantaciones Cafetaleras del sudeste de Cuba, la cual permitirá motivar actividades económicas subutilizadas o sin explotar e incorporar a la población local en la gestión del patrimonio natural y cultural, para aumentar su calidad de vida espiritual y material.

En Cuba el desarrollo de diversas producciones industriales, fundamentalmente durante el siglo XIX y primera mitad del XX d.C., generó la creación de una diversidad de bienes muebles e inmuebles en los que técnica y arquitectura se mezclan para identificar y caracterizar regiones. Este patrimonio por su trascendencia en el tiempo merece ser conservado como parte activa de la memoria histórica cultural del país. Los bienes del patrimonio industrial cubano de mayor relevancia se concentran en dos grandes grupos, primero los vinculados con las industrias tradicionales: azúcar, café y tabaco y segundo: las industrias contemporáneas, fundamentalmente vinculadas a los servicios como fábricas de productos alimenticios, generación de energía eléctrica, transporte, entre otras. Desde su creación la Comisión Nacional de Monumentos evaluó y declaró como Monumentos Nacionales varios bienes del patrimonio industrial, distribuidos en todo el país y dos de ellos, a propuesta del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural han sido incluidos en la Lista de Patrimonio de la Humanidad de la unesco: El Valle de los Ingenios en Trinidad, provincia de Sancti Spíritus, y el Paisaje Arqueológico de las Primeras Plantaciones Cafetaleras en el Sudeste de Cuba distribuido en las zonas montañosas de las provincias de Santiago de Cuba y Guantánamo.

La conservación del patrimonio cafetalero en el sudeste de Cuba.


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