Del convento a la CUJAE. Más de cien años de enseñanza de arquitectura en Cuba. (I)

LA UNIVERSIDAD EN EL CONVENTO

La enseñanza universitaria en los predios conventuales es tan antigua como su propio origen. Práctica europea que se traslada a América, cuya primera universidad fue creada en 1538, en la ciudad de Santo Domingo. Otras catorce más fueron fundadas durante los siglos XVI y XVII en el territorio americano, pero Cuba debió esperar más de doscientos años para contar con estudios superiores; hasta 1728, cuando en el convento de San Juan de Letrán de la orden de los Predicadores (dominicos), se fundó la Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo de La Habana.1 Casi dos siglos más tuvieron que pasar para contar con carreras técnicas en la Isla –en 1900–, y también vieron la luz en un espacio conventual: el ex-convento de San Agustín, en la Habana Vieja.



Un desarrollo económico relativamente lento durante los dos primeros siglos de colonización, sostenido en lo fundamental por la privilegiada posición geográfica de La Habana y las características de su puerto, que la convertían en punto de reunión y almacenamiento de la flota española: una ciudad de comerciantes y marineros, de población flotante, más propensa a los “saraos” que a los altos vuelos del saber. Pero ya, desde fines del siglo XVII apuntaba un desarrollo diferente: el crecimiento de los astilleros de La Habana y de la actividad comercial, y el germen de lo que sería la economía de plantación, promovió el enriquecimiento de españoles y criollos, quienes sintieron la necesidad de cambios en el ámbito de su vida sociocultural y tuvieron la disposición de financiarlos: y esa sociedad habanera –en la cual los vínculos económicos entre criollos y órdenes religiosas eran importantísimos– estará en el centro de la creación de una institución universitaria. Lograrlo significaría transitar por un camino azaroso. Desde la solicitud en 1670, no fue hasta 1721 que el Papa Inocencio XIII autoriza a los dominicos para crear un studium generale, dando así a estos religiosos la prioridad en la enseñanza y asunción de los cargos directivos. Enconados pleitos entre la jerarquía eclesiástica y el clero regular, entre los intereses de los representantes del gobierno civil y los religiosos, dilataron la fundación de la universidad hasta el 5 de enero de 1728, cuando se celebró acto público en la iglesia del convento de San Juan de Letrán. Y si bien al día siguiente se realizaron los primeros ejercicios para otorgar grados, solo en el curso 1735-1736 pudo contar la universidad con un cuerpo de estatutos que oficializaban la institución. Las Facultades establecidas: Teología, Cánones, Leyes, Medicina y Filosofía, sumado al hecho del predominio de los frailes dominicos entre las autoridades y los profesores, reflejan el carácter que tuvo esta universidad.

Un poco después de expulsados los jesuitas, en 1773, se incluyen estudios superiores en el Seminario Conciliar de San Carlos y San Ambrosio –fundado en el colegio que habían dejado estos– por lo cual entra en rivalidad con la Real y Pontificia Universidad. De este modo, los estudios universitarios continuaron vinculados al espacio conventual, en estrecha cercanía con dos de las principales plazas de la ciudad: a la de la Catedral el de San Carlos y a la de Armas el convento dominico.

Este texto constituye una versión del trabajo presentado por Eliana Cárdenas en la V Conferencia Internacional de Conservación de Centros Históricos y Patrimonio Edificado Iberoamericano, que tuvo por tema “La ciudad del saber”, publicada con el título: “La universidad habanera: del convento a la dimensión territorial”, en Arquitectura y Urbanismo, Vol. XV, No. 1, La Habana, 1994, pp. 29-41.

Constituciones de la Real y Pontificia Universidad de San Geronimo
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