Del convento a la CUJAE. Más de cien años de enseñanza de arquitectura en Cuba. (III)

LOS CAMINOS HACIA LA ENSEÑANZA DE LA ARQUITECTURA

Esa expansión de las instalaciones universitarias coincide con la ampliación de los límites de la ciudad y del repertorio arquitectónico y un cambio de la imagen urbana, como resultado del mejoramiento de las condiciones económicas y la indudable competencia entre criollos y españoles por dejar su huella en la capital mediante edificios, espacios y la ingeniería. Es asimismo el momento en que junto a la ya tradicional arquitectura criolla, de fuerte sabor popular, comienza a crecer otra, de mayor empaque y vinculación a la moda arquitectónica y al quehacer profesional. Sin embargo, no existía correspondencia entre estos cambios y la enseñanza universitaria. Los arquitectos e ingenieros debían formarse fuera del país. Pero la presión de algunos sectores intelectuales que, en consonancia con las necesidades del desarrollo económico, habían estado planteando desde inicios del siglo XIX, la necesidad de reformar la educación y particularmente la implantación de carreras técnicas y, dentro de ellas, las relacionadas con la construcción, hace posible que en 1841 el Gobierno colonial conceda un permiso “...para abrir en La Habana una academia teórico-práctica de arquitectura...”, que estaría auspiciada por la Real Sociedad Patriótica de La Habana. Tal disposición no fue concretada y en 1855, a través del propio gobierno, personificado en el general Concha, se propone que “Además de las escuelas especiales de Arquitectura...” se necesitaba una escuela “...preparatoria para la especialidad de Arquitectura, así como una academia de Artes que (...) tendrá por objeto formar maestros de obras, directores de caminos vecinales, agrimensores, dibujantes...”.

Pero la propuesta que se pone en práctica difiere en algo. La institución creada en 1855 comprendía dos niveles de enseñanza, supeditados a la Sociedad Patriótica: la Escuela General Preparatoria y Escuelas Especiales, entre las que se encontraba la de Maestro de Obras y Agrimensor, ubicadas ambas también en un edificio eclesiástico, pues comenzaron a funcionar en un ala del antiguo templo de San Isidro. La edificación, que debiera ser hospicio e iglesia de San Isidro, ubicado en la calle San Isidro entre Compostela y Leonor Pérez, en la Habana Vieja, comenzó a construirse hacia la segundo década del siglo XVIII, a expensas del fraile Gerónimo Valdés, quien lo donó en 1720 sucesivamente para tres fines diferentes y después de varias reclamaciones se le concedió a los franciscanos en 1730.

Diversos usos tuvo hasta que se instalaron allí varias instituciones de educación, entre ellas la Escuela Especial mencionada. El edificio, como otros de carácter conventual, tenía un patio claustral con galerías baja y alta en sus cuatro lados. Las crujías perpendicular a la calle y trasera, por su conformación, podrían ser los espacios donde se ubicaron las escuelas, pues en el lado derecho había un pasillo que daba acceso a la iglesia. Este conjunto está en la actualidad muy transformado. Recientemente (2002), en la Facultad de Arquitectura, se realizó un Trabajo de Diploma cuyo objetivo central era su recuperación.



La Escuela Especial para Maestros de Obras y Agrimensores fue el antecedente de la Escuela Profesional de Maestros de Obras, Agrimensores y Aparejadores, instituida en 1863 y subordinada al Gobierno Superior Civil, resultado de las modificaciones aprobadas en la enseñanza en ese año. Otra reforma de la enseñanza, en 1871, y cambios paulatinos en cuanto a la impartición de algunas asignaturas, así como a la ampliación de lo libros de texto, lograrán elevar el nivel de la Escuela Profesional, de modo que si bien no existía educación universitaria en el campo de la construcción, los egresados de este centro podían cubrir las necesidades de la mayoría de las edificaciones que se necesitaban en esa época en el país. Otro convento será la sede de esta escuela, el convento de San Agustín (en la actualidad iglesia de San Fco.), situado en la calle Amargura, entre Cuba y Aguiar, también en la Habana Vieja, cuya construcción, con la iglesia correspondiente, debió estar concluida a mediados del siglo XVII, según señala Joaquín Weiss, quien también hace notar la influencia de la casa matriz –el convento mexicano de los agustinos– expresada fundamentalmente en “...el ondulado piñón, compuesto de pequeñas curvas y contracurvas (...) los óculos ochavados laterales del hastial...” empleados “...con frecuencia en México, como también el cuadrifolio central, que en el siglo XVIII...” ya se empleará con más frecuencia a la arquitectura religiosa habanera. Asimismo destaca “...el cuerpo superior de la torre (que) muestra tallas menudas y profusas, así como formas ajenas al mismo, ejecutadas sin duda por algún cantero o escultor mejicano.” En este edificio se fundaron las secciones de Medicina y Cirugía, Farmacia y Ciencias en 1861 y posteriormente, la Academia de San Alejandro. Y fue el sitio donde radicó la Escuela Profesional de Maestros de Obras, Agrimensores y Aparejadores hasta su disolución en el año 1900.


(en la actualidad iglesia de San Fco.)


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