Del convento a la CUJAE. Más de cien años de enseñanza de arquitectura en Cuba. (V)

UN SÍMBOLO PARA LA CIUDAD


Alma Mater en Universidad de La Habana. Foto: carlostira


Apenas se abandona la ciudad vieja y se remonta la calle San Lázaro, la perspectiva se cierra, arriba, tras la escalinata monumental, con una mujer –indudable matrona nutricia–, cuyos brazos indican la apertura al mundo (¿o templo?) del saber: el Alma Mater universitaria, y al fondo, el clásico edificio del Rectorado. Composición que bien pudiera asemejarse a los propileos de la acrópolis ateniense; constituye, casi desde los inicios del presente siglo, emblema de la enseñanza universitaria; significado que sobrepasa con creces los marcos de este alegórico recinto, para desbordar los límites de la ciudad.

Propileos acrópolis ateniense



Escalinata de la Universidad de La Habana




La inauguración de las instalaciones en la llamada colina de Aróstegui, donde se encontraba la antigua Pirotecnia Militar, se produjo el día 7 de mayo de 1902. Las obras para adecuar los edificios existentes se iniciaron los primeros días del año y el Rector fue presionado por el gobierno interventor norteamericano para efectuar la mudanza en solo una semana, en medio del curso académico. Sin dudas, el Gobernador Militar quería dejar instalada la universidad antes de entregar las riendas al primer presidente cubano: ¿celos por dejar una buena obra o para favorecer intereses de compañías estadounidenses de tranvías, imprescindibles para la comunicación entre la ciudad y la universidad?


"Pirotecnia Militar", en los terrenos que hoy ocupa la universidad de La Habana


Tal apresuramiento generó una situación difícil para los ocupantes del nuevo recinto. Cuando se leen las memorias del momento, tal parecería estar frente a un libro de García Márquez: los profesores, alumnos, libros y files de archivo hacinados en locales carentes de alumbrado, agua, inodoros; al mismo tiempo que se hacían obras de albañilería, carpintería, pinturas, instalaciones eléctricas y de inodoros. Para colmo, la ubicación en un sitio alejado de la ciudad para aquel tiempo, sin existir facilidad de comunicaciones, llevó al Rector a solicitar al Gobernador Militar la entrega de un transporte de mulas de los que el ejército norteamericano estaba subastando, pero el señor Word desestimó la petición, así que ni mulas tuvo la universidad. Es a este lugar donde se trasladan los estudios de arquitectura, junto a los de ingeniería, ocupando dos de las naves de la antigua Pirotecnia Militar.

En los primeros cuatro años se efectúan algunas modificaciones en los edificios existentes y al de ingenieros, electricistas y arquitectos se le adecentan la fachada y algunos interiores. Entre 1905 y 1911 se realizan las obras del Aula Magna, construida por Emilio Heredia y cuyos interiores fueron decorados por el pintor cubano Armando Menocal con siete grande frescos. En 1913 se inicia el plan genera de reconstrucción aprobado por la Secretaría de Obras Públicas, que se extendería hasta 1928, modificando la imagen de la universidad, al contemplar otros edificios, entre los que se encuentra el de la Escuela de Ingenieros y Arquitectos (1927), proyectado por Moenck y Quintana, y la escalinata monumental del Rectorado.

El recinto universitario quedará terminado entre 1939 y 1940 con la construcción del resto de los edificios. La imagen del conjunto responde a la asimilación de los códigos greco-romanos, según Roberto Segre, más cercana a la variante de neoclasicismo estadounidense que a la europea, aunque es indudable la referencia a la “ciudad alta”, aprovechando las características de su ubicación, que posibilitan jerarquizar el conjunto, logrando una válida vinculación con la ciudad mediante el eje principal formado por el Rectorado y la escalinata y una de las principales directrices de expansión urbana, al unir la Habana Vieja con el Vedado. Se partió de la concepción del “campus” cerrado, introvertido, dado por la organización del conjunto de sus pabellones, agrupados en torno a la plaza central, que se encuentra en el eje que va desde la escalinata hasta el Aula Magna.

La búsqueda de una composición casi simétrica se produce por los cuatro edificios, dos a cada lado de la escalinata y los otros tres que junto al Rectorado rodean la plaza. La unidad entre las edificaciones, se logra por la similitud de códigos formales –neoclásico y monumental moderno–, y contribuye a ello el estar enmarcadas por un muro que limita el área y la armonía entre los volúmenes y espacios libres, con sus áreas de parques. El acceso principal a la universidad, constituido por la escalinata, flanqueda por dos escaleras laterales, conforma un conjunto que culmina en la estatua del Alma Mater, realizada en 1919 por el escultor checo Mario Korbel (en esos momentos radicado en Cuba) y que en la base del trono donde está sentada graba en bajorrelieve figuras alegóricas a las artes y ciencias que se enseñaban en la Universidad.

Detrás, el edificio de dos plantas del Rectorado construido en 1921, tiene columnas de orden corintio y ornamentos de estilo romano, y la efigie de Palas Atenea o Minerva con el búho, rematando el frontón de sobrias líneas clásicas. Su perfecta simetría ofrece una imagen semejante tanto hacia la escalinata como hacia la plaza central.

Los edificios de tres plantas construidos en 1940 para Biología y para Farmacia, en la ubicación más cercana a la calle L, se destacan por sus majestuosas columnatas neoclásicas de orden jónico. Estos edificios completan la estructura simétrica a los lados de la escalinata, iniciada por los otros dos detrás de ellos, correspondientes a la antigua Facultad de Física (1915) y a la de Filosofía e Historia (1916), de un neoclásico más modesto.

El edificio Ignacio Agramante (1927) de Benjamín de la Vega, también de tres plantas, tiene su frente hacia la plaza y se relaciona con la reciedumbre de las construcciones romanas. Frente a él, la Facultad de Ciencias, de Martínez Inclán, terminado en 1939, se destaca por la doble columnata de la fachada que abre hacia un patio interior. La otra construcción que enmarca la plaza es la Biblioteca Central, realizada por Joaquín Weiss en 1940, se adecua al conjunto: un monumental moderno, interpretado en códigos art decó, se vincula al carácter clásico predominante.



Facultades de Ciencias Comerciales (en primer plano) y Farmacia
flanqueando la escalinata de la Universidad. Fotos Hans Harting y Hans Sterkendries



Edificio de la Biblioteca de la Universidad de La Habana. Foto AlejoArcila


Canción a la Universidad, grupo Buena Fe.

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