La construcción del Capitolio Nacional

Capitolio Nacional. foto: paul bica (flickr)

Mañana 18 de enero 2012, 10:00 a.m.: Conferencia La construcción del Capitolio Nacional, en la "Casa de las Tejas Verdes", dictada por el Dr. Juan de las Cuevas, quien a partir de imágenes de archivo inéditas, describirá todo el proceso de construcción del Capitolio.

El Capitolio Nacional
Por Juan de las Cuevas Toraya.

En 1910, durante el período presidencial del General  José Miguel Gómez, con el propósito de edificar el Palacio Presidencial, se permutaron los terrenos del antiguo Arsenal, propiedad del Gobierno, por los de la antigua Estación de Villanueva, entre las calles, Prado, San José, Industria y Dragones que pertenecían a los Ferrocarriles. Este lugar había sido el primitivo basurero de la ciudad, después Jardín Botánico y posteriormente sede de la terminal del Ferrocarril, llamada Estación de Villanueva.

En la foto se puede ver en el centro la antigua estación de Villanueva, a la derecha parte del hemiciclo del capitolio nacional, a la izquierda el edificio de la compañía de teléfonos.

El proyecto aprobado fue el de Eugenio Rayneri  Sorrentino y su hijo Eugenio Rayneri Piedra, quienes además ganaron la subasta para su ejecución. La obra tenía 100 metros de frente y 70 de fondo y fue contratada en un millón 200 mil pesos. Al asumir el gobierno el General Mario García Menocal mandó a paralizar los trabajos, pues pensaba construir el Palacio Presidencial en los terrenos de la Quinta de los Molinos y edificar en ese lugar el Capitolio Nacional como sede de ambas Cámaras Legislativas.

El proyecto fue transformado por los arquitectos Félix Cabarrocas y Evelio Govantes, los que entre otras modificaciones propusieron: añadir a cada extremo los hemiciclos, uno para la Cámara de Representantes y otro para el Senado; ampliar la escalinata y modificar la cúpula [ya ejecutada] por otra más alta, de 31.68 metros de diámetro, apoyada sobre una sección cuadrada de 32.46 metros de lado. El nuevo proyecto tenía 140 metros de frente y 75 de fondo y su construcción se adjudicó a la Sociedad Constructora La Nacional por un valor de 2 millones 8 mil pesos. La empresa constructora la presidía Antonio Fernández de Castro y también la integraban Eugenio y Virgilio Rayneri Piedra. El arquitecto Francisco Centurión fue designado ingeniero principal de la obra y como segundo el arquitecto Luis Echevarría.

Construcción de los hemiciclos, imagen de archivo. 

Hemiciclo en la actualidad. Foto: Draken

En la adaptación del proyecto de Palacio a Capitolio se tuvo que derribar cerca del 50% de lo ya edificado y también la cúpula, la que cubría unos 400 metros cuadrados y tenía un peso de 1,250 toneladas. Para ello se aisló del resto de las estructuras del edificio y fue dinamitada con una explosión calculada, que echó abajo aquella tremenda mole en un instante. Entre los trabajos realizados al recomenzar la ejecución, con el nuevo proyecto en diciembre de 1917, merece destacarse la cimentación de la nueva cúpula, para la que se clavaron 532 pilotes de júcaro, jiquí y algunos de pinotea. La obra se desenvolvió normalmente hasta abril de 1919, en que Menocal la paralizó debido al aumento de los precios de los contratistas por subida de jornales,materiales, etc. [N.A. Recuérdese que estaban en plenas Vacas Gordas].


Antigua cúpula y parte de la estructura derribada
Reanudados los trabajos se paralizaron nuevamente en 1921, por no contar el Gobierno con recursos financieros para su ejecución [N.A. Vacas Flacas] y opinar el nuevo presidente, Alfredo Zayas, que la construcción proyectada era demasiado costosa. El terreno fue arrendado a una empresa que instaló en ellos un espectáculo llamado Havana Park.


“Havana Park” en los terrenos del capitolio





Al ocupar la presidencia en 1925 el General Machado, nombró ministro de Obras Públicas al Dr. Carlos Miguel de Céspedes, quien encargó a la empresa constructora Govantes y Cabarrocas, el estudio para reiniciar las obras del Capitolio. Hasta ese momento se habían gastado en total un millón 800 mil pesos y lo que estaba en pie no llegaba a 600 mil. De nuevo se reanalizó el proyecto, aceptándose el del arquitecto Raúl Otero, que se sacó a subasta en enero de 1926, con las condicionales que las obras no sobrepasaran los 3 millones de pesos y que estuvieran terminadas para la VI Conferencia Internacional Americana, convocada para La Habana en enero de 1928.

Como ambas limitantes resultaban muy difíciles, se decidió acometer la obra por administración, con la empresa Purdy and Henderson Co. la que designó para esta obra a los cubanos, arquitecto Enrique Merry y al ingeniero José Sabí Carreras y como proyectista al señor Luis V. Betancourt. Por el Gobierno se designó como Director Técnico de la obra al arquitecto Eugenio Rayneri Piedra y como Director Artístico al arquitecto Raoúl Otero.

Las obras se reiniciaron en abril de 1926 y a poco de comenzadas renunció el arquitecto Otero, designándose en su lugar a José M. Bens Arrarte, quien nuevamente modificó el proyecto de la cúpula haciéndola más alta y esbelta, perfilada posteriormente por los arquitectos Rayneri y Betancourt. Para esa nueva cúpula fue necesario hincar, adicionalmente, cerca de mil pilotes de jiquí, encima se fundió una gran losa de hormigón armado, sobre la que descansan ocho grandes columnas de acero que son las que soportan la cúpula. Al renunciar también el ingeniero Bens Arrarte, el ministro Carlos Miguel de Céspedes le dio al arquitecto Rayneri la dirección técnica y artística de la obra.




Los trabajos en mármoles fueron confiados a la Casa Italiana Fratelli Remuzi y comprendieron: 8 mil m2 de pisos; 2 mil m2 de escaleras con sus vestiduras laterales; mil m2 de zócalos; 300 m3 de trabajos escultóricos y artísticos ejecutados en ónix y 106 pilastras macizas de nueve metros de altura que consumieron unos 400 m3 de mármol verde. Los trabajos fueron ejecutados por la firma italiana en 4 meses y entregados según el cronograma acordado con la firma Contratista.

La Casa Grasyma de Alemania también trabajó en el suministro y colocación de mármoles en varias áreas seleccionadas. En total los pisos del Capitolio sumaron 29 mil 400 m2, de ellos: 15 mil 792 de mármol, 10 mil 695 de terrazo, mil 777 de granito integral, 804 de cerámica, 167 de losas sevillanas y 95 metros de madera.

El terreno del Capitolio ocupa 43 mil 600 m2: 3 mil 500 de aceras, 26 mil 600 de parques y 13 mil 500 el edificio. En la edificación se gastaron: 5 millones de ladrillos, 3 millones 500 mil pies de madera, 6 mil 375 toneladas de cemento, 40 mil m3 de piedra,38 m3 de arena,3 mil 500 toneladas de acero estructural; 2 mil toneladas de cabillas y 25 mil m3 de piedra de cantería de las canteras de Capellanía, suministrados por Beltrán y Strenta, quienes anunciaban en esa fecha que extraían 2 mil m3 mensuales con cuatro compresores y doce grúas.

El Capitolio fue solemnemente inaugurado el 20 de mayo de 1929, casi exactamente 3 años después de haberse reiniciado. Sobre su construcción dice Roig de Leuchsenring: “El costo de este palacio de palacios, erigido en un país de atraco, de miseria, de insalubridad, de analfabetismo, de masas casi desnudas, descalzas y hambrientas ascendió según datos oficiales a $16'640,743.30 y constituye un alarde exagerado de suntuosidad, un derroche insensato...”

Desde la década de los años sesenta, este bello edificio es sede de la Academia de Ciencias de Cuba.



Capitolio en la actualidad. Foto digigrafbg

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