La antigua Estación de Villanueva en La Habana.


En los terrenos que hoy ocupa el capitolio nacional, existió un jardín botánico y desde 1839 estuvo ubicada la estación de ferrocarriles de “Villanueva”, hasta su demolición en 1929, conocida de esta manera por Claudio Martínez de Pinillos, conde de Villanueva, presidente de la comisión de fomento. En el valioso y poco conocido “Libro del Capitolio”, escrito a fines de la década del 20 del siglo pasado, se hace referencia a la antigua estación, en un texto que reproducimos a continuación.


LA PRIMITIVA ESTACIÓN DE VILLANUEVA

Permaneció en ese lugar el Jardín Botánico, hasta que a mediados del año 1831 los terrenos en que estaba situado fueron enajenados por la suma de $169,127.00 para la construcción de un edificio destinado a Paradero del camino de hierro que habría de unir más tarde a la capital de la República con la Villa de Güines, a virtud de concesión otorgada por Real Orden al Intendente General de Hacienda, Don Claudio Martínez de Pinillos, Conde de Villanueva, Primer Presidente que fue de la Junta de Fomento, Agricultura y Comercio y primer Presidente también del Consejo Directivo del Ferrocarril en proyecto.


Para la construcción y fomento del ferrocarril proyectado, se autorizó al Conde de Villanueva, para contratar en Inglaterra un empréstito de $2.000,000.00 garantizados por hipoteca sobre las rentas que percibía la Junta de Fomento y sobre los rendimientos de la propia empresa ferroviaria, fijándose un fondo no menor de $40,000.00 anuales para la amortización de los cupones del empréstito. Los trabajos de construcción del Paradero, que luego se llamó Estación de Villanueva, en memoria del primer Presidente que tuvo la empresa, comenzaron en el año 1834.


A la sazón se estaba también construyendo el Paseo de Carlos III, que llegó a ser el más importante de nuestra época colonial. Por él circulaban diariamente, a la caída de la tarde, en sus volantas y quitrines, guiados por el auriga esclavo, las principales familias de la sociedad habanera.



 

Por una orden del General Tacón, Gobernador entonces de la Isla, los arbustos y plantas del Jardín Botánico se trasladaron a un lugar situado en las faldas del Castillo del Príncipe, conocido por Los Molinos porque en efecto los había en ese lugar. En estos terrenos, que todavía se conocen hoy con el nombre de Quinta de los Molinos y junto a los cuales se hallan actualmente los del Jardín Botánico de la Universidad y el Instituto de la Habana, instalaron su residencia de verano, los Capitanes Generales y con este motivo todo el Paseo de Carlos III, a uno y otro lado se llenó de quintas y mansiones señoriales, algunas de las cuales se conservan todavía.

En el año 1837 el camino de hierro llegó hasta Bejucal y un año después hasta Güines, alcanzando una distancia de 17 leguas cubanas. En julio de 1840 se inauguró un nuevo tramo de la línea del ferrocarril de la Habana a Cárdenas con una distancia de 18 millas inglesas.
En 1842 la Empresa fue vendida en pública subasta a una compañía anónima constituida por los ilustres cubanos Don Miguel de Aldama y Don Juan Poey, en sociedad con otros ricos hacendados del país, por la cantidad de $3.500,000.00 más $169,127.75 en que fueron tasados los terrenos del antiguo Jardín Botánico.

Esta Compañía en sucesivas reorganizaciones dio lugar a la actual empresa de los Ferrocarriles Unidos de la Habana, que era la propietaria de la Estación de Villanueva cuando el Congreso de la República, por Ley de 20 de Julio de 1910, autorizó al Ejecutivo Nacional representado entonces por el General José Miguel Gómez, para que canjease los terrenos de la Estación de Villanueva por los del antiguo Arsenal, comprendidos entre los Almacenes de San José, el Arsenal propiamente dicho, ocupado por The Havana Central Railway Co., el litoral y la calle de Factoría.

La Estación de Villanueva, construcción vieja e irregular, carente en absoluto de valor arquitectónico fue durante mucho tiempo, el más importante centro ferroviario de la ciudad de La Habana y uno de los más importantes de la República. En él tenían su sede todos los servicios de transporte de pasajeros y de carga de los Ferrocarriles Unidos de la Habana.

A medida que la ciudad fue aumentando en población y mejorando su ornato, sobre todo hacia el Noroeste de la misma y por los contornos del antiguo Campo de Marte y del Parque Central, la persistencia de la vieja y ruidosa Estación de Villanueva en el lugar que se ha indicado, fue haciéndose cada vez más inadecuada y anacrónica. El constante movimiento de trenes, las operaciones de carga y descarga, ponía una nota discordante en la elegancia de gran ciudad, que se iba acentuando por días en esa zona de la capital.
Era pues, una necesidad trasladar la típica pero impropia Estación de Villanueva a otro lugar más apartado de la urbe, como se ha hecho en todas las ciudades importantes del mundo. Su permanencia en los antiguos terrenos del Jardín Botánico constituía cada vez más un grave problema para el tránsito, la limpieza y el embellecimiento de La Habana. Hay que tener en cuenta que esa parte de la ciudad no era ya extramuros, pues las murallas habían desaparecido, demolidas por la piqueta del progreso, y una nueva urbe con toda la grandeza mecánica y el confort de las nuevas ciudades comenzaba a esbozarse ya. Por otra parte, era deseo de la empresa de los Ferrocarriles Unidos construir en La Habana, una Estación Terminal de tipo moderno, análoga a las de otras grandes ciudades del mundo.



En el año 1910, el Estado Cubano era dueño de una gran extensión de El Arsenal terreno al Nordeste de la Ensenada de Atares, que por mucho tiempo se había destinado a Arsenal, pero que en realidad no reportaba ya utilidad alguna, estando ocupado en gran parte por la empresa The Havana Central Railway Co. Estos terrenos pertenecían a la antigua estancia de Don Diego de Soto. En 1773, a virtud de Real despacho, fueron aumentados con la compra que se hizo a los herederos de Pedro Menéndez y Posada, de 80 solares y 432 varas, por la cantidad de $11,000.

Las embarcaciones que se construían en la ciudad, utilizaban primitivamente un astillero situado en la ribera de la Bahía, entre el Castillo de la Fuerza y la Aduana. Más tarde, este astillero pasó al lugar del Puerto conocido por La Machina y en 1738 comenzó a utilizarse el Arsenal, a este fin, siendo aumentado en terrenos y obras en 1740 por el Intendente de Marina Don Lorenzo de Montalvo, primer Conde de Macuriges.

Estos terrenos –del Arsenal-, que cayeron en desuso al construirse astilleros mejor dotados y situados en otros lugares del Puerto, se prestaban como pocos para emplazar una magnífica Estación Terminal como la que actualmente es orgullo de La Habana. De aquí que el Congreso de la República, con fecha 20 de julio de 1910 aprobase una Ley autorizando la permuta de esos terrenos por los de la antigua Estación de Villanueva.  Tomado del “Libro del Capitolio”


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