Gestores inmobiliarios

ü  ¿Cuánto vale mi casa?
ü  ¿Qué tiempo necesito para venderla?
ü  ¿Qué precio le doy, si no existen referencias de mercado en el último medio siglo?
ü  ¿Dónde anuncio la venta?
ü  ¿Quiénes son los compradores?
Lugar donde se reunen “corredores de permuta” o “permuteros”.
Paseo del Prado en La Habana. Foto: Yasin Dahi en flickr.

Estas y otras preguntas nos planteamos cuando tomamos la decisión de comprar o de vender. Responderlas es la función del gestor inmobiliario.
La compra y la venta de una propiedad inmobiliaria es una decisión muy importante para una persona, familia o empresa, y, más allá de lo económico, muchas veces tiene implicaciones sentimentales. No es lo mismo vender la casa donde naciste y crecieron tus hijos, que comprar tu segunda residencia para las vacaciones.

Creemos que ese es el factor que más está afectando el mercado inmobiliario en Cuba. Seamos realistas, en la Isla la infraestructura no está a la altura de la media de nuestro continente. Ni mucho menos el cubano promedio puede ahorrar 200 000 usd para comprar su casa. Estamos incluyendo dentro de los precios actuales, nuestro amor por el hogar y el valor futuro.

En este sensible campo, un profesional inmobiliario juega un papel fundamental: ¿cuál es el valor real del metro cuadrado construido en el lugar donde vives? Una tasación real de la propiedad constituye solo el primer paso, al que le seguirán otros que, al final, se traducen en labor y trabajo, tiempo y dinero. Tanto vendedor como comprador deben llegar a un acuerdo justo para ambas partes, con todas las garantías del papel arbitral y de asesor que aporta el agente inmobiliario.

Dentro de las variadas funciones que debe realizar el gestor inmobiliario, entendemos que son cuatro las más importantes:
1.       Valoración de la propiedad.
2.       Marketing (hacer pública la venta de la propiedad).
3.       Asesoramiento al cliente-comprador y al cliente-vendedor, trasmitiendo la experiencia de la zona en que se especializa.
4.       Cierre y seguimiento de la transacción, uno de los pasos indispensables al llevar de la mano al cliente hasta el final, para que la documentación legal quede en orden.
En Cuba, las nuevas regulaciones del trabajo por cuenta propia incluyen, por primera vez, la figura de un gestor inmobiliario, algo que sin dudas impulsará el sector. Sumergido en la ciudad, hasta hace poco, realizando una labor similar al trueque medieval, llegó el momento de elevar esta figura a la categoría de agente de la propiedad inmobiliaria, con conocimiento del mercado y de un nuevo código ético.

La simple autorización de las funciones que venían haciendo, sin pasar por la capacitación, no sería lo más recomendable. Los nuevos gestores no deben ser solo la continuidad de un grupo de intermediarios y “permuteros”, sino el salto cualitativo hacia la profesionalización de una función estratégica dentro del sector inmobiliario.

La asociación, algo común entre estos expertos, permitiría crear una marca de reconocimiento –como la Realtor Association en Estados Unidos, por ejemplo–, así como ofrecer herramientas imprescindibles –como el Multiple Listing Service– que institucionalizan y protegen la profesión y habilitan los servicios que el cliente necesita.

Como sucede en la mayoría de los países con desarrollo en este campo, el 90 % de las operaciones de compra-venta se realizan mediante un profesional. En el caso de Cuba, creemos que el aporte de experiencias positivas es vital para la salud de un sector que renace y quiere emprender el vuelo.

De igual forma que cuando se está enfermo se necesita un médico o, si se quiere construir se necesita un arquitecto, si usted como propietario o como comprador desea saber cuánto vale su casa, dónde es mejor comprar o invertir sus ahorros, debe solicitar asesoramiento técnico. En “Bienes o Raíces” estamos para responder esas interrogantes.

Por Lázaro L. Pérez. (Tomado de OnCuba)
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