El Parque Lenin: cuatro décadas después. (I)

El trabajo aborda la situación que presenta el Parque Lenin en la actualidad, con mas de cuarenta años de haber sido construido. Se parte de sus orígenes y se transita a lo largo del tiempo por los diferentes edificios y paisajes que conformaron la obra en sus inicios, los que en el momento de escribir estas líneas ofrecían una situación técnico constructiva que diverge de su concepción original. Asimismo se hace un llamado a la recuperación de los valores culturales de esta obra, que constituyó una propuesta novedosa de recreación educativa para los habitantes de la ciudad de La Habana a inicios de la década de 1970. (Por María Elena Martín Zerquera, en Arquitectura y Urbanismo vol.34 no.1 La Habana ene.-abr. 2013)

Parque Lenin, by Crazito

INTRODUCCIÓN

Durante mis estudios de arquitectura, en la década de 1970, fui ubicada en el Parque Lenin para realizar una práctica profesional. Aunque ya las obras fundamentales habían terminado, y el parque estaba en explotación, todavía quedaban en el sitio dos oficinas encaminadas a la ejecución de nuevos proyectos recreativos y educativos para la capital. Las oficinas, dirigidas por Antonio Quintana y por Mario Girona respectivamente, estaban instaladas en naves provisionales bajo los árboles, pero contaban con los materiales y el equipamiento necesarios para moldear en el papel las ideas de los diseñadores de diversas disciplinas. Con el propósito de colaborar con estos trabajos varios estudiantes fuimos enviados a esos colectivos proyectuales. Recuerdo con nostalgia la belleza de los paisajes creados en la zona, la perfección constructiva de las instalaciones ya concluidas y las variadas ofertas culturales, recreativas y gastronómicas que en el parque se podían disfrutar.

A varias décadas de aquella experiencia inolvidable, he regresado al Parque Lenin, pero en esta ocasión para reflexionar acerca del paso del tiempo por este coloso recreativo cultural, nacido en los primeros años de la Revolución.

Los orígenes

El Parque Lenin fue concebido en 1969, durante una visita que hiciera el presidente Fidel Castro a la vecina presa Ejército Rebelde, en aquel entonces en fase de terminación [1]. Aunque las primeras obras comenzaron a funcionar desde 1971, no fue hasta el siguiente año que quedó fijada su inauguración.

El Parque forma parte de un complejo paisajístico propuesto para el sur de la ciudad de La Habana, con el objetivo de fomentar la recreación sana de la población y aumentar el escaso índice de áreas verdes per cápita heredado de épocas anteriores.

La zona seleccionada, comprendida entre la calle 100, la Calzada de Bejucal, la carretera de El Globo y la hoy carretera a Expocuba, en el municipio Arroyo Naranjo, abarcaba unas 670 hectáreas, y estaba integrada en su mayoría —con excepción de dos grandes fincas: Paso Seco y Cacahual—, por pequeñas parcelas dedicadas al autoconsumo de los campesinos de la zona, por algunas vaquerías y por tierras improductivas [2].

El equipo designado para realizar el proyecto estuvo dirigido por el arquitecto Antonio Quintana e integrado por los también arquitectos Mario Girona, Juan Tosca, Joaquín Galván, Selma Soto, Hugo D’Acosta, Mercedes Álvarez, Thelma Ascanio, Sara Blumenkranz y Rita María Grau, entre otros. A partir de los estudios preliminares del terreno, se concibió el parque con un carácter definido de bosque, sin aceras, ni construcciones urbanas y con la preeminencia del ambiente natural por encima de todo [3]. Se creó, especialmente para este fin, un sistema constructivo prefabricado de hormigón armado sobre la base de una sola pieza que serviría tanto para columnas como para paredes y cubiertas, que podría ser utilizado en todo tipo de construcción. Otras premisas del proyecto fueron emplear el color blanco para todas las edificaciones y aprovechar en los diseños la plasticidad que brindaban las piedras que habían constituido los límites entre las fincas originales que integraban el territorio. También se planteó desde un inicio incorporar algunas de las construcciones aisladas que allí existían al complejo pues tenían posibilidades de ser adaptadas para las diferentes instalaciones del futuro parque. El sistema vial previsto para brindar acceso directo a las edificaciones y a sus áreas de parqueo se localizó casi siempre en el perímetro de la obra, de manera que atravesara solo en contadas ocasiones el paisaje a crear (figura 1).


 El parque fue levantado en una zona agreste, sin una flora propia en la que predominaba el marabú. Por tanto, toda la vegetación que hoy integra los bosques, así como la que complementa los espacios exteriores de las instalaciones, tuvo que ser transportada desde diversos lugares del país, a veces no muy cercanos. Otro de los esfuerzos más significativos en la creación de este parque fue que, debido a la mala calidad del suelo de la zona, hubo que excavar alrededor de cuatro millones de metros cúbicos de tierra vegetal para crear un nuevo suelo que permitiera la siembra de los árboles, las arbustivas y el césped [3]. Además, el proyecto paisajístico circundaba un pequeño embalse de agua que sería utilizado con fines recreativos, y que también fue creado artificialmente con este propósito. Alrededor de 80 000 árboles se trasplantaron en estado adulto, y entre las especies más abundantes se encontraban la caña brava, la yagruma, el ficus, el pino y la araucaria, el cedro, el almácigo, la carolina, el triplaris, la cyca y diversas palmáceas. [4]

Además del diseño naturalista que protagonizaba el concepto del parque, fue creado un conjunto de instalaciones gastronómicas, recreativas y culturales para complementar el complejo. Entre las gastronómicas se destacan los restaurantes Las Ruinas, La Faralla y Los Jagüeyes; las cafeterías Infusiones 1740 y El Galápago de Oro; así como un total de trece quioscos diseminados por el parque. Entre las recreativas y culturales son significativos el acuario en forma de espiral y el anfiteatro al aire libre con pista flotante sobre el embalse de agua.

El sistema constructivo


El sistema constructivo fue diseñado por el arquitecto Juan Tosca con la participación del ingeniero Pimpo Hernández en la comprobación de los análisis estructurales. Contaba de una sola pieza prefabricada de gran flexibilidad de uso, que podía ser utilizada como cubierta, columna, pared o incluso como baranda. La pieza, en forma de canal, medía 1,50 m de ancho por 0,50 m de alto; el largo se determinaba en correspondencia con su uso proyectual y podía alcanzar hasta 10,50 m. A su vez, podía ser calada para usos diferentes (figura 2). Todos los elementos fueron fabricados en una planta externa y posteriormente trasladados a su lugar definitivo. [5]



REFERENCIAS:

1. “Entrevista a Efrén Díaz, responsable General de Obras del Parque Lenin”. En: MARTINEZ, MAYRA A. El parque Lenin: una hermosa realidad. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1987. p 11, 14.
2. MARTINEZ, MAYRA A. El parque Lenin: una hermosa realidad. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1987. p. 23.
3.“Entrevista al arquitecto Antonio Quintana, proyectista General del Parque Lenin”. En: MARTINEZ, MAYRA A. El parque Lenin: una hermosa realidad. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1987. p. 16, p 17
4. MARTÍN ZEQUEIRA, María Elena y E. L. RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ. La Habana, Guía de Arquitectura. Sevilla: Junta de Andalucía, 1998. p. 282.
5. TOSCA, Juan. "Entrevista personal de la autora de este artículo". La Habana, 19 de Marzo de 2011.
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