Restaurante La Faralla. El Parque Lenin: cuatro décadas después. (IV)


Esta sugestiva instalación fue diseñada por los arquitectos Juan Tosca y Selma Soto con el empleo del sistema constructivo ya mencionado. Fue concebida como un restaurante de autoservicio al cual se accede por una amplia escalinata de losas prefabricadas. Para salvar el desnivel del terreno donde se ubicó la obra, y que inspiró el nombre del restaurante, se construyó un puente que conectaba la escalinata de acceso con el edificio. El frente de la instalación quedó protegido por un amplio portal de cinco metros de ancho que termina en unas piezas puntiagudas con función de gárgolas (figura 10). El acceso quedó enfatizado por un elemento metálico en forma de bigote que a su vez desvía las aguas pluviales hacia sendos canteros laterales. (Figura 11).

El salón rectangular, concebido como un gran comedor, posee una escala generosa; además es amplio, fresco y sin paredes divisorias. Los dos lados mayores se abren hacia el exterior a través de ventanales de piso a techo que permiten una buena comunicación visual con la naturaleza circundante: al frente un bosque de almácigos, al fondo uno de yagrumas. El cierre del local se resolvió con el mismo elemento prefabricado diseñado para el parque, que en esta ocasión sirve de marco para la carpintería de madera y vidrio, con lucetas de colores (Figura 12).

Las geométricas luminarias en forma de cajón diseñadas para el sitio, servían a la vez como lucernarios y como salidas de audio. Para darle una terminación más apropiada al techo del salón, las uniones entre las losas de cubierta se cubrieron con listones de madera (figura 13).

En el portal, la presencia de varios juegos de mobiliario confeccionados íntegramente con la palma real como materia prima, le otorgaba al sitio un ambiente bucólico y familiar. Los servicios sanitarios fueron ubicados al exterior en cabina independiente, con el objetivo de que pudieran ser usados por otros visitantes del parque (figura 14). Todo el basamento del restaurante fue recubierto con la piedra local y estaba rodeado de áreas verdes, caminos de cemento y muros pétreos que alternaban con elementos del mobiliario urbano.

La Faralla fue un sitio de habitual selección para aquellos que llegaban al parque. Su peculiar fachada, el contacto con la naturaleza y la excelente oferta gastronómica, hacían del mismo una opción con garantía. En la actualidad, el restaurante y los servicios sanitarios están cerrados y con muestras evidentes de deterioro; no posee mobiliario y sus áreas exteriores presentan un notable abandono. (Por María Elena Martín Zerquera, en Arquitectura y Urbanismo vol.34 no.1 La Habana ene.-abr. 2013)
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