Restaurante Las Ruinas (II)

Concebido como una instalación de lujo, este restaurante se levantó sobre los restos de una edificación que existía en el área seleccionada. En su arquitectura se destacan los elementos prefabricados de ortogonal geometría que se superponen unos a otros formando diversas tramas espaciales, que llega en algunos momentos a ser más aparatosa que escenográfica (figura 3). La estructura partió del sistema ideado para el parque, pero con la adición de una amplia gama de elementos atípicos que permitió la grandeza arquitectónica que se pretendía para esta obra.


Al igual que en sus instalaciones gastronómicas vecinas, en este restaurante se insistió en proporcionar al visitante el contacto directo con la naturaleza a la par que se disfrutaba de los servicios del lugar. El edificio se abre a su entorno a través de unos amplios ventanales de madera que cubren toda su altura. Un sistema de terrazas y balcones también facilita a los usuarios el disfrute visual del medio natural (figura 4).


El restaurante se desarrolla en dos niveles. Se le puede acceder directamente desde las áreas de parqueo que le tributan o a través de un largo camino que conduce al acceso principal (figura 5) En el piso bajo se ubicó un monumental vestíbulo que envuelve las ruinas de la vetusta construcción, resuelto en varios niveles y con espacios compartimentados en diversas funciones como las de esperar, conversar, escuchar música, entre otras (figura 6). También en este nivel se ubicaron un piano bar de generosas dimensiones, los servicios sanitarios de todo el edificio y las correspondientes áreas de apoyo a la actividad. En el piso alto se localizó el salón principal para numerosos comensales, un salón de protocolo y las áreas de servicio.




De amplia superficie, el proyecto redactado por Joaquín Galván, propone la interacción de líneas modernas con elementos inspirados en la arquitectura colonial cubana. Así se mezclan la compleja estructura prefabricada de hormigón armado, con vitrales y rejas de ascendencia tradicional. Posee pisos de mármoles, carpintería de maderas preciosas y un mobiliario de estilo que incluyó varias piezas extraídas directamente de casas abandonadas por sus propietarios,1 así como la reproducción de otras tantas que seguían modelos de probada frescura y fortaleza. Las barandas del piso alto, las de la escalera y las de los balcones, fueron trabajadas con herrería forjada que, de igual manera, reproducen modelos de la arquitectura colonial (figura 7).


Los restos de la edificación existente en el sitio fueron consolidados y tratados con la siembra de musgo y plantas ornamentales, y sirvieron de elemento inspirador alrededor del cual se creó el ambiente del restaurante. Complementa la obra un gigantescovitral emplomado multicolor diseñado por el pintor cubano René Portocarrero, que actúa como elemento de bienvenida a la vez que limita el gran salón comedor (figura 8).


En la actualidad, el restaurante funciona solamente en su planta baja; el nivel superior está desmantelado y cerrado al público, en espera de una próxima restauración. La exquisita carpintería del edificio, concebida de piso a techo con tablillas francesas, está en mal estado y para su cierre se emplean objetos ajenos al diseño original, lo que ofrece una imagen inapropiada, de abandono y falta de sensibilidad. El mobiliario del bar, que en sus inicios estaba integrado por mesas con tapas de mármol y reproducciones de sillas Thonet, ha sido sustituido por ejemplares plásticos, cubiertos con manteles baratos que desentonan con el lujo que aun se manifiesta en la instalación. Las lámparas de vidrio emplomado que complementaban el área todavía existen, pero indudablemente no forman parte del actual diseño del espacio interior. Las terrazas, donde otrora se exhibían juegos de muebles coloniales de hierro fundido, hoy están desamobladas o poseen mobiliario plástico.


Otro elemento muy importante que completaba el diseño de esta obra, era el estudio paisajístico de sus alrededores. Hoy día, aunque se mantienen los árboles, ya adultos y asentados en el sitio, cada visual hacia ese paisaje está contaminada por el resto de una pira con cenizas, producto de la quema de hojas y otros desperdicios (figura 9). Hasta ese elemental detalle en el manejo de la instalación, que no requiere de grandes recursos económicos para ser resuelto, ha sido descuidado en el que fuera el restaurante más lujoso de La Habana. (Por María Elena Martín Zerquera, en Arquitectura y Urbanismo vol.34 no.1 La Habana ene.-abr. 2013)

 

 


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