Restaurante Los Jagüeyes y los quioscos. El Parque Lenin: cuatro décadas después. (V)

Restaurante Los Jagüeyes

Este restaurante, también de autoservicio, era otro de los más frecuentados por las familias que en épocas pasadas acudían al Parque Lenin en busca de un almuerzo dominical. Fue proyectado por Andrés Garrudo y Thelma Ascanio, quienes utilizaron la losa típica del parque tanto para cubiertas como para la estructura y los cierres verticales. Rodeado de un agradable bosque, levanta su imagen nívea y bien proporcionada sobre un basamento de la ya mencionada piedra local (figura 15). La instalación es abierta, sin paredes macizas y permeable a los alrededores, y su vocación de comida italiana satisfacía el gusto de mayores y pequeños, a través de un servicio rápido, eficiente y con calidad, siempre en contacto directo con el espacio exterior (figura 16).

Restaurante Los Jagüeyes

Hoy en día la imagen del restaurante ha cambiado bastante: la estructura del inmueble no ha recibido atención en muchos años, por lo que presenta manchas de humedad y suciedad; en las luminarias del techo, todavía con su diseño original, no hay ni un solo bombillo; los muebles están despintados y adolecen de la falta del mantenimiento general tan necesario en una instalación gastronómica (figura 17). Los exteriores también están abandonados, y para proteger el edificio contra el vandalismo se han colocado rejas a ventanas y puertas con un diseño discordante. La dudosa higiene, la desidia y el descuidado aspecto de los empleados, producen un efecto negativo en los pocos usuarios que se arriesgan hoy en día a llegar hasta ese intrincado lugar en busca de una comida rápida y económica.


Quioscos

Los quioscos también fueron diseñados con el empleo del elemento prefabricado que caracteriza el parque, y su concepción como un objeto abierto, espacioso y de justa proporción, se integraba con acierto al paisaje creado en la zona. Fueron distribuidos equitativamente en las áreas del parque, entre bosques, cercanos a las vías y a orillas de senderos, de manera que la oferta gastronómica llegara a los más distantes lugares de la instalación. En las primeras décadas de vida del Parque Lenin, estos quioscos eran los únicos en toda la ciudad que ofrecían una variada gama de confituras, refrescos, y otras golosinas, los cuales se podían alcanzar después de una larga y no siempre bien organizada cola. También los quioscos fueron pintados en color blanco para dialogar con el resto de las construcciones y representaban en medio del paisaje verde un puesto para el descanso y el diálogo más cercano. En la actualidad, los quioscos se encuentran prácticamente desiertos. Su imagen original ha cambiado, con un color y una gráfica inadecuados (figura 21). La oferta gastronómica que brindan no es atractiva y debido a su ubicación en lugares distantes no resultan ya puntos de interés.


En el presente existen numerosas estructuras desmontables de lona o vinil, con equipos de audio potentes, parrilladas, bares, etc., que aunque contaminan las áreas exteriores del parque, son las instalaciones ligeras más demandadas por los visitantes. Cabe preguntar ¿por qué no se usan las instalaciones originales del parque para estos fines?, ¿por qué se ha creado una estructura superpuesta de quioscos de diseño dudoso y ubicados en zonas que no fueron destinadas a esos fines? Quizás las respuestas a estas preguntas sean semejantes a las que se obtendrían si se indagara sobre el mal estado y el abandono en que se encuentran sumidas varias de las edificaciones que integran este complejo. Probablemente las palabras claves en estas respuestas serían escasez de recursos económicos y humanos, prioridades para invertir, ofertas en moneda convertible y, sobre todo, la evidencia del desconocimiento del carácter original del parque. (Por María Elena Martín Zerquera, en Arquitectura y Urbanismo vol.34 no.1 La Habana ene.-abr. 2013)
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